
El presidente de Estados Unidos conserva amplias facultades ejecutivas para transformar la aplicación del bloqueo.
Hace 54 años, la firma del presidente John F. KenneÂdy en el Despacho Oval de la Casa Blanca fue suficiente para decretar un bloqueo total contra Cuba, que entró en vigor cuatro dÃas después.
La Orden Ejecutiva 3447 se apoÂyó en la Ley de Ayuda Externa y la Ley de Comercio con el Enemigo del año 1917 para cortar todos los lazos con Cuba, donde transcurrÃa un imÂparable proceso revolucionario que para entonces ya habÃa vencido las tropas mercenarias enviadas por Washington a Girón.
Kennedy autorizó al Secretario del Tesoro a promulgar todas las meÂdidas y regulaciones para hacer efectiva la prohibición de importación a Estados Unidos de cualquier producto de origen cubano y ordenó al Secretario de Comercio que continuara y ampliara las medidas para restringir todas las exportaciones de Estados Unidos hacia Cuba, incluidos alimentos y medicinas.
Las agresiones de Washington conÂtra la Revolución habÃan comenzado mucho antes, casi desde el propio 1ro. de enero de 1959. Desde la supresión de la cuota azucarera hasÂta la ruptura de relaciones diplomáticas en enero de 1961, las maniobras legales fueron dando paso a operaciones militares directas como la invasión de Girón y otras encubiertas en la llamada Operación Mangosta.
Pocos dÃas antes de la firma de la Orden Ejecutiva habÃa iniciado en el balneario de Punta del Este, UruÂguay, la VIII Reunión de Consulta de Cancilleres de la OEA, donde la presión de Washington logró que se aprobara una resolución que exÂcluÃa la participación de Cuba en el sistema interamericano.
La cita evidenció la estrategia estadounidense de intentar aislar a Cuba en la arena internacional, por un lado, y causar hambre y desesperación en el plano interno, por el otro.
Medio siglo después, el propio preÂsidente de aquel paÃs reconoció que el plan fue un fracaso.
Además, las piezas regionales se alinean de una manera muy distinta. El fin del bloqueo a Cuba es una deÂmanda unánime de la región, ratificada en la última cumbre de la CoÂmunidad de Estados LatinoaÂmeÂriÂcanos y Caribeños celebrada en Quito.
Asimismo, el mundo entero, peÂro especialmente los pueblos y goÂbiernos latinoamericanos y caribeños, celebraron como un triunfo proÂpio los anuncios del 17 de diÂciemÂbre del 2014, cuando los presidentes BaÂrack Obama y Raúl CasÂtro revelaron su voluntad de restablecer relaciones diplomáticas y avanzar en la norÂmalización de las relaciones.
Después de reabiertas las sedes diplomáticas en La Habana y WasÂhington, el foco global se ubica en el fin del bloqueo económico, financiero y comercial que fue reÂchazado el pasado año por 190 paÃses y respaldado solo por dos, EsÂtados Unidos e Israel.
Aunque el tejido legal y seudolegal que conforma el bloqueo se ha ido enmarañando a lo largo de las últimas décadas, especialmente tras su codificación en la Ley Helms-Burton, el presidente norteamericano conserva amplias facultades ejecutivas para accionar sobre su aplicación práctica. Aunque es cierto que el Congreso es el que tiene la última palabra.
De la misma manera que el presidente republicano George W. Bush utilizó sus prerrogativas para arreciar las agresiones económicas contra Cuba durante su mandato, ObaÂma ha venido haciendo lo contrario desde el 17 de diciembre.
Tras los paquetes anunciados en enero y septiembre del año pasado, hace pocos dÃas se hizo pública una nueva serie de medidas que cambian algunos aspectos de la aplicación del bloqueo, principalmente los referidos al otorgamiento de créditos para deÂterminadas compras de productos auÂtoÂrizados que no sean agrÃcolas (ya que una Ley del año 2000 lo prohÃbe expresamente), asà como la posibilidad de establecer determinadas relaciones comerciales con empresas estatales cubanas.
Los últimos anuncios de los deÂpartamentos del Tesoro y ComerÂcio, partes de la rama Ejecutiva, confirÂman las amplias potestades que conserva Obama para ir aún más lejos en el desmontaje del bloqueo.
Sin embargo, se dejaron intactas las limitaciones a las transacciones internacionales en dólares por parte de Cuba, la posibilidad de las emÂpresas estatales cubanas de exportar a los Estados Unidos y las inversiones estadounidenses en sectores disÂtintos de las telecomunicaciones, enÂtre muchos otros aspectos que conÂforman el núcleo duro del bloqueo y mantienen pleno vigor.
El presidente solo está limitado por la ley en cuatro puntos muy esÂpecÃficos, que son permitir los viajes con motivos turÃsticos; la prohibición a subsidiarias de EE.UU. en terceros paÃses a comerciar bienes con Cuba; la prohibición de realizar transacciones con propiedades norteamericanas que fueron nacionalizadas, y la obligación a pagar en efecÂtivo y por adelantado por las compras de productos agrÃcolas.
Más allá de esos aspectos, tiene plena libertad de acción.
Si Kennedy utilizó en 1962 la llaÂve ejecutiva para cerrar una puerta que permanecerÃa sellada por más de medio siglo, el actual presidente puede emplearla para hacer irreversible lo alcanzado hasta ahoÂra, especialmente en un año de elecciones, y consolidar un nuevo capÃtulo de las relaciones con Cuba que será legado de su paso por la Casa Blanca.
Tomado de Granma