Por Oria Estévez

Imposible hablar de poder y gobierno en Cuba sin tener en cuenta el papel histórico de la mujer en la ocupación de cargos decisorios a diferentes instancias.
Su rol cada vez más protagónico se debe, en gran medida, a la garantÃa de posibilidades con que cuenta para abrirse paso en todas las esferas de la vida en contra de los convencionalismos y esquemas discriminatorios.
Este no ha sido un camino fácil por la fuerza que siempre ha tenido el carácter machista heredado desde la época más antigua y que, a pesar del avance, perdura en nuestros dÃas con manifestaciones equÃvocas y contraproducentes acerca del lugar de la mujer en la sociedad.
Haber llegado a un 46 % de féminas en altos cargos de dirección y un 48,36 de ellas como integrantes del Parlamento no es una quimera, sino el resultado de un trabajo sistemático y mancomunado a nivel social para promoverlas a cargos de dirección en las diferentes instancias de organizaciones, instituciones y sistema de gobierno.
En ese largo y escabroso trayecto ha sido esencial la labor de la Federación de Mujeres Cubanas, cuya premisa fundamental desde su fundación ha sido avanzar hacia la plena desigualdad de género, esquivando tropiezos y vicisitudes de toda Ãndole.
Por tradición, sobre la mujer pesa el cuidado de la familia y la atención del hogar, factores que en muchos casos le impiden abrirse paso en la vida profesional. Una cultura de género, diseñada para compartir dichos menesteres entre hombres y mujeres, ha ido cambiando ese panorama, más visible en las dos últimas décadas del perÃodo revolucionario.
Con ese fin se crearon los cÃrculos infantiles para el cuidado de los niños desde temprana edad, cursos de superación y orientación a la mujer y la familia y la atención diferenciada a madres solteras y casos sociales, entre otras acciones que han influido en que hoy el 65,2 % de graduados en la educación superior sean del género femenino o que en sectores como la Salud Pública, la Educación y la ciencia ellas tengan una alta presencia como fuerza de trabajo y, sobre todo, en el desempeño de cargos.
Ese empoderamiento femenino en Cuba es uno de los proyectos sociales más genuinos y auténticos, porque con justeza a la mujer cubana no solo se le da la palabra, también la acción y el mando, dondequiera que ha surgido espontáneamente una lÃder de pueblo, aunque a veces por cumplir cifras se hayan hecho promociones fuera de lugar..