
Desde que la figura de Martà aparece en la pintura y nos dice algo, vamos aprendiendo a conocerle. Eso nos ocurre temprano, siendo todavÃa niños, y no solo por esa caricatura —amplia frente y rostro de triángulo— sino también por el serio retrato, las ilustraciones anecdóticas y ciertas alegorÃas aparecidas en revistas, murales, textos y rincones conmemorativos, originadas por gustos y habilidades diversas. Cada generación ha dejado, en las imágenes martianas, sus propias mitologÃas, mostrándonos, al mismo tiempo, la significación histórica en ese entonces asignada a los héroes nacionales.
Puede de hecho hallarse a José Martà en la obra del artista más osado y moderno, como también en la del más conservador. Fueron y son muchos los que lo han tomado de modelo, dándolo a su manera o con la semblanza tradicional, ya «estandarizada», alimentando cierta función que podrÃa resultar desde iconográfica hasta expresiva, y que han sido capaces de cuajarlo de emoción y carga estética, dándole lugar, como pieza, en la genuina historia del arte.
Para otros, la realidad estética y humana de MartÃ, en pintura, no puede definirse por la apariencia visible o fotográfica, sino por la equivalencia a sus caracteres vitales, y, sobre todo, por la sinceridad puesta en la obra del creador. Tienen, eso sÃ, una condición: no es posible recrear la presencia de un hombre sin sentirla antes. No hay dudas de que las ideas antes mencionadas preceden los derroteros seguidos por un artista que nos regala ahora imágenes del Maestro, en una original muestra titulada Martà visto por Josignacio, en la galerÃa El reino de este mundo, de la Biblioteca Nacional José MartÃ, en la Plaza de la Revolución.
En ella, Josignacio Sánchez acerca una visión pictórica inspirada no solo en la imagen del Apóstol, sino también en su vida y obra. Se trata de una colección de piezas creadas desde los años 80 hasta el 2017, en la que sobresalen diferentes etapas del creador donde se va cuajando, entre manchas, colores –figuración/abstracción mediante–, la Historia del Maestro.
Pasando por una gama intermedia, donde el estilo reconocible del autor está presente, y en el que expone, además, la amplia libertad de tonalidades que se funden en su creativa obra. El espectador reconocerá la materia con que han sido creadas estas piezas: el Plastic Paint Medium, una técnica creada por él, que desde 1984 comenzó a trabajar Josignacio.
Una técnica consistente en la utilización de resinas epóxicas como «medio aglutinante» y pigmentos, como colorantes, obteniéndose un resultado realmente plástico y visual (transparencia y reales efectos tridimensionales) derivado de la misma.
En esa mágica operación, en la que aparecen retratos, paisajes, códigos de su existencia, poesÃa… tratados en una sutil composición salpicada de texturas y relieves, y donde se reúnen elementos lÃricos/reales inmersos en una bruma de tiempo –dada por la misma técnica– que eleva la pieza hasta horizontes imaginativos, surgen instantes de José Martà poeta, hombre, héroe…, como relámpagos que iluminaron su existencia y la nuestra: Los zapaticos de rosa, La muñeca negra, Cultivo una rosa blanca, Yo soy un hombre sincero, El alma trémula y sola, De cara al sol, Yo sé que murió de amor, El autor intelectual… Y muchas más imágenes que tejen recuerdos de su tiempo entregado al amor en sus más disÃmiles vertientes, sobreponiendo siempre la Patria y la Libertad, como brújula y derrotero que siempre siguió con su Ãmpetu cubano. Josignacio lo yergue desde su obra en este presente.
Desde que nacemos, Martà representa para todos nosotros el sÃmbolo más alto de la cubanÃa. ¿Cómo honrar con tu trabajo a un hombre de la altura de José MartÃ? Y aunque la responde con el respeto que siempre nos inspira a todos los cubanos a través de sus trazos, en palabras lo dibuja asÃ: «Solo pintar genuina y humildemente lo que él me inspira en sus escritos y su vida misma».