Por TalÃa González
El 11 de marzo próximo el pueblo podrá elegir, mediante el voto secreto y directo, a los delegados a las asambleas provinciales y a los diputados al Parlamento, quienes ejercerán, según nuestra Constitución sus funciones por el término de cinco años.
La próxima Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular quedará constituida el 19 de abril, y su gestión tendrá lugar en un momento histórico para la Revolución.
Corresponderá a quienes asuman tales responsabilidades continuar la actualización de los Lineamientos de la PolÃtica Económica y Social del Partido y la Revolución. Deberán velar además por el desarrollo Económico y Social hasta 2030.
Pero resultará un imperativo, y es esencia en el trabajo de los nuevos representantes, elevar el papel de los órganos del Poder Popular para representar al pueblo a todos los niveles. Y en ello me detengo, porque hoy la mayorÃa de los planteamientos de la población, sin ser absolutos, se refieren a la falta de respuestas por parte de algunos organismos y entidades vinculados a la gestión de gobiernos locales.
Tampoco es un secreto que muchas de esas respuestas a los problemas cotidianos dependen de recursos. De ahà que seguirá siendo complejo concretar muchas de esas tareas dada la marcada crisis global, los conflictos armados y la ofensiva imperial contra paÃses progresistas de la Región.
Y como parte de esa coyuntura, también está la polÃtica hacia Cuba del presidente norteamericano Donald Trump, que intenta derrocar a la Revolución mediante el recrudecimiento del bloqueo. Esos son incuestionables factores externos, pero también inciden los nuestros.
A la falta de recursos, en muchas ocasiones, la balanza cae en la poca exigencia, las justificaciones y la inercia de algunas administraciones que no aprovechan las capacidades del territorio, y esperan solo por lo asignado desde arriba, desde el presupuesto central del estado.
Ante estas realidades, los representantes del pueblo deben prepararse más para conocer cuestiones de nuestra economÃa, no solo para explicarlas a sus electores, sino para exigirle a quienes corresponda, que cumplan con el pueblo.
Ahora bien, más allá de cuestiones económicas necesarias a resolver, sigue como tarea pendiente el llamado del presidente cubano en 2013, a enfrentar de modo enérgico fenómenos negativos, tendencias hacia el quebranto de valores éticos y morales que socaban la tranquilidad y seguridad de la sociedad cubana.
¿Cómo dar cumplimiento a ese llamado para que las normas cÃvicas de la sociedad y las leyes no sean letra muerta sino activismo por parte de todos? Ese, es sin dudas, otro de los principales retos de la nueva Legislatura.
Muchas cuestiones faltarÃan por enumerar en este comentario, en el que serÃa imperdonable no mencionar la responsabilidad que tiene cada ciudadano, desde su lugar, sea donde sea, con el desarrollo  de nuestro paÃs.
Para seguir siendo fieles a los que aportaron todo y no estarán fÃsicamente; para poner en práctica cada dÃa lo expresado por Raúl sobre la permanente enseñanza de Fidel, de que sà se puede, que el hombre es capaz de sobreponerse a las más duras condiciones si no desfallece su voluntad de vencer.  La próxima legislatura, como todo nuestro pueblo tiene ese gran reto, en tiempos donde hay que continuar perfeccionando la obra, y en momentos  históricos, tal vez como nunca antes, para la Revolución.