Por Yohandra MarÃa Portelles Quevedo

En la sociedad occidental prima el modelo de la familia patriarcal que reinó desde el feudalismo en este lado del planeta; sin embargo, no se apela lo suficiente en algunas regiones a la parte cálida, a esa sensibilidad tierna más viril que encarnan los padres, no como figura matriz de la sociedad, sino como ente familiar.
Considerar al llamado hombre de la casa como un mero instrumento de orden y manutención en el hogar es una idea retrógrada y sobre todo injusta, sesga la figura paterna a un rol muy precario dentro de su verdadera esencia.
En Cuba se adoptó el tercer domingo de junio para homenajear a aquellos quienes más allá de un mero proceso de fecundación biológica, de un modo u otro, también fecundan las almas y el carácter dÃa a dÃa.
El término progenitor tal vez está más circunscrito al hecho de la concepción, y no niego que algunos se restrinjan al margen de ver nacer y punto; pero a quienes se les llama padres como merecido calificativo, van más allá y no solo están ahà para dar a luz a la vida, sino que también iluminan luego el espÃritu.
Desde la Biblia hasta los tÃtulos más contemporáneos encontramos pasajes relacionados con el amor filial entre padres e hijos, y a lo largo de la historia existen innumerables alusiones al tema en obras literarias, asà como personajes que devinieron paradigmas en el rol paternal.
José MartÃ, el más universal de los cubanos, marcó un hito con el poemario Ismaelillo no solo en el plano de renovación literaria, sino también del amor hacia su pequeño a quien lo dedicó; en estas páginas el Apóstol cristaliza el amor y lo consagra en los manantiales de ternura que brotan de su espÃritu férvido.
El Maestro da cuenta de una relación padre-hijo, creador-creatura, que se convierte también en una alegorÃa del binomio hombre-pueblo, resultado de la riqueza creadora que dio origen tanto al libro como a su obra toda.
Pero no todos los casos son ortodoxos, comunes; hay quienes deben cumplir su rol desde la distancia como lo hizo Martà en su momento, como lo hacen hoy los que por razones laborales o de otra Ãndole tienen mar por medio y aún asà no claudican en el empeño de guiar y dar amor a sus hijos.
La visión paterna ha cambiado consustancialmente en este nuevo siglo; hoy hay hombres que se quedan en casa con los pequeños para que la madre trabaje, hay otros que deciden tener un bebé por métodos de reproducción asistida o por adopción porque no pueden concebir.
Existen modelos que habrÃan sido cosa de ciencia ficción para la concepción de la familia de hace apenas unos 50 años; sin embargo, la sociedad ha comprendido y aceptado que más allá del canon o paradigma estandarizado del patriarcado, ser padre no es una función, es una capacidad creadora y que se enriquece.
La virtud no está, ni nunca estuvo, en aportar economÃa y poner mano dura; está en ser soporte, pilar, referente, paradigma, amigo, confidente, está en alimentar el espÃritu y educar con amor y ejemplo, está en que ser padre va más allá del estrato social o la inclinación sexual.
Merecido homenaje entonces a los padres cubanos que despiertan cada dÃa con un beso y una sonrisa de sus hijos, a los que ya no están pero aun nos hacen sonreÃr con su recuerdo, a los que no lo son todavÃa pero están seguros de que quieren ser más que un espermatozoide fecundado, a todos aquellos que, por encima y a pesar
de todo, se sienten dichosos de merecer escuchar la palabra: papá.