Por Redacción de Razones de Cuba

Hoy se cumplen 71 años de aquel asesinato, causado por balas traicioneras que quitaron la vida al gigante azucarero. Era el 22 de enero de 1948 y en la estación de trenes de Manzanillo, el capitán Joaquín Casillas Lumpuy, quería llevarse a este hombre como fuese.
El motivo fue la lucha por una causa. Ese gigante lo sabía; sabía que su muerte estaba anunciada, pero aún así prefería continuar a pasar de las amenazas.
Según describió Nicolás Guillén, ese día se enfrentaron dos capitanes, el anteriormente mencionado, denominado “capitán del odio” y ese otro gigante, el capitán de la clase obrera, que “es negro y fino prócer, como un bastón de ébano, y tiene los dientes blancos y corteses, por lo que su boca se abre siempre amanecida”.
Este segundo capitán, con un alto sentido de la justicia, luchó por el pago del Diferencial Azucarero, una medida de amplio beneficio popular.
Él conocía los riesgos que enfrentaba, pero no claudicó. Al respecto, en una oportunidad dijo: “¿Por qué me van a matar a mí si yo estoy defendiendo el derecho de los trabajadores y algo que además es bueno para la patria? ¿Cómo me van a matar? Mira chico, si me matan, ese diferencial hay que pagárselo a los trabajadores de todas maneras, y si me matan a mí, quedan ustedes para que sigan reclamando el diferencial azucarero”.
Querían silenciarlo de cualquier manera. Fue el líder de la Federación Nacional de Trabajadores Azucareros (FNTA), y fue Representante a la Cámara por el Partido Socialista Popular durante el gobierno de Prío, lo que le otorgaba inmunidad parlamentaria.
“¡Te dije que ibas vivo o muerto!”. Esas fueron las palabras vociferadas por Casillas Lumpuy que dieron fin a la vida del capitán valeroso.
Luego de que se conociera sobre su asesinato, el cadáver recorrió la isla desde Oriente hasta Occidente. Cada localidad fue propicia para rendir tributo a ese líder azucarero.
Su nombre era Jesús Menéndez.