Por Graciela Góngora SuárezÂ

Inmensa satisfacción sentimos cuando al recorrer el extenso territorio venezolano: populosa ciudad, cerro arriba, pueblo o pequeño barrio encontrados después de andar cientos y cientos de kilómetros, no existe un poblador que, independientemente de su edad u origen social, no pueda ofrecer amablemente señales acerca de dónde encontrar al Centro de Diagnóstico Integral (CDI) más cercano, y es que esta institución, como la escuela, se ha convertido en un espacio al que todos los venezolanos tienen derecho y lo sienten como suyo.
En cada uno de estos sitios, sobresalen afables, comprometidos, exhibiendo una profesionalidad que impacta, dada la mayoritaria juventud que la conforma, un colectivo que ante todo se distingue por su humildad y amor al ser humano.
Allà en un mismo haz, cubanos y venezolanos como un ejército de batas blancas, prestan innumerables servicios que los agradecidos reconocen y defienden, y a pesar de la guerra económica que enfrentan dÃa a dÃa, no les falta nunca el amor y el afán por prestar la mejor asistencia a todos.