Por Laidi Fernández de Juan
La noticia corrió como pólvora: “Dos médicos cubanos secuestrados en Kenya”. Al estupor inicial, siguió la catarata de interrogantes que suele brotar ante tal situación: ¿Cómo se llaman los médicos, de cuál provincia son? ¿Cómo fue? ¿Y los cuerpos de Seguridad que los protegían? ¿Quiénes han sido los perpetradores de este crimen? Las respuestas, lentamente, fueron llegando, por distintas vías. Que uno de los custodios kenyanos murió durante el secuestro, que el experimentado Assel Herrera, especialista de Medicina General Integral, es tunero, y que el joven Landy Rodríguez, villaclareño, es cirujano. Ambos son padres, ambos cuentan con el apoyo de sus familias, y, lógicamente, ambos deben estar ahora mismo bajo los efectos de la angustia que causa la incertidumbre, el miedo, el desconcierto.

Entre mi experiencia personal como médica internacionalista y la actualidad han pasado más de treinta años, lo cual implica que el mundo ha cambiado, y no precisamente para bien. En 1988 los médicos cubanos no necesitábamos custodios. No existía el galopante terrorismo que hoy amenaza a la Humanidad, sea de donde sea, y esté donde esté. Teníamos miedo, claro que sí, no somos máquinas ni estamos encallecidos, ni hemos sido entrenados para otra función que no sea aliviar, ayudar y curar. Pero durante décadas, el temor del personal médico se limitaba a lo mismo que siente cualquier ser humano: miedo a las enfermedades. Dicho así, puede resultar paradójico tratándose de médicxs y de enfermerxs, pero es la verdad. Miedo a la malaria, miedo al SIDA, miedo al cólera, miedo a la tuberculosis, miedo a enfermedades desconocidas para nosotros como la filariasis, la leishmaniasis y otros males tropicales.
Actualmente, se añaden temores por lo que son capaces de hacernos no ya los patógenos mundiales, sino mucho peor: los enemigos humanos, lo cual resulta inaceptable, como esto que acaba de suceder. Es evidente que intentan golpearnos por todos los medios posibles, como lo evidencia el absurdo proceso de revalidación que el actual gobierno fascista de Brasil pretendió someter a nuestros galenos cooperantes. No toleran que Cuba se beneficie económicamente con el ejercicio de nuestra práctica médica en países que nos reclaman, como si estuviéramos ajenos a tales necesidades.
En África somos bien recibidos, nos acogen con particular afecto, y a pesar de las barreras del idioma, se establecen hermosos lazos de hermandad. Nosotros nos adaptamos a sus costumbres, llegamos a disfrutar de sus platos, de sus bailes, de sus risas, siempre respetando la diferencia cultural imposible de asumir. El hecho presumible (hasta ahora) de que Assel y Landy hayan sido secuestrados por miembros de un grupo terrorista (¿Al Shabbaab?), según algunas fuentes periodísticas, cobra dimensiones dantescas, incomprensibles, altamente injustas. Cuba jamás se ha pronunciado con respecto a ese tipo de organización, si bien se suma a las condenas de todo acto terrorista que se lleve a cabo en cualquier sitio del planeta. No nos vinculamos ni a amigos ni a enemigos de esos grupos, no es posible relacionarnos de ninguna manera con los comportamientos devastadores y genocidas que llevan a cabo, como tampoco tenemos ningún vínculo con las potencias que los atacan. Hablando en plata: ¿Por qué sabotear la misión médica cubana? ¿Por cuál motivo, con qué propósito, qué esperan obtener los secuestradores? No existe ni existirá nunca una respuesta satisfactoria, no tenemos nada que ofrecer que no sea el sacrificio inmensurable que implica llevar ayuda médica donde se necesite. Más allá de toda diplomacia y de cualquier cordura recomendable, es nuestra obligación remover cielo y tierra para clamar que nos devuelvan YA a nuestros médicos sanos y salvos.
Magnífico artículo Laidi, el doctor Landy es de Placetas y aquí como en Cuba entera estamos consternados. Mientras más días pasan más crece el peligro que atenta contra la vida de nuestros médicos. Me quedé estupefacta cuando investigué sobre el grupo islamista “Al Shabab”, leí varias informaciones y pude conocer los antecedentes de muerte y destrucción que tienen.Aún así confío en mi país y en la solidaridad entre los pueblos. Más temprano que tarde Assel y Landy volverán, pero se impone hacer cuanto antes todo lo posible y hasta lo imposible para asegurar sus vidas, que sin lugar a dudas están en peligro inminente.