Por Abel PrietoÂ

La maquinaria hegemónica de dominación cultural ha trabajado eficientemente para mutilar y absorber la herejÃa. Muchos emblemas de la rebeldÃa de los 60 han sido convertidos en «modas», en mercancÃas, vaciados ya de su sentido transgresor. En estos casos, a la ganancia derivada de la venta de artÃculos a nostálgicos, hippies, jubilados y coleccionistas se suma la ganancia ideológica de presentar tributos vinculados a antiguos «rebeldes» como souvenirs de gente arrepentida e integrada al sistema.
Lennon, tras la separación de los Beatles, se radicalizó y terminó transformándose en un sÃmbolo muy difÃcil de digerir para la derecha yanqui. No podÃan comprarlo ni silenciarlo. Se opuso con su obra y su palabra al genocidio en Vietnam; denunció el racismo en EE.UU., en Sudáfrica, en todas partes; protestó contra los crÃmenes, injusticias y mentiras del sistema; y defendió los derechos de la mujer y muchas causas justas de este mundo.
Nixon lo convirtió en el enemigo público número uno de los EE.UU. Lanzó tras Lennon y su esposa Yoko a la jaurÃa del temible Hoover, director del fbi, quien dio indicaciones precisas a sus agentes. DebÃan escuchar las conversaciones telefónicas del matrimonio, espiarlos dÃay noche y hasta «plantar» drogas en lugares que frecuentaban para preparar con esta artimaña el escenario de «una redada imprevista».
Los recursos más sucios estaban permitidos para actuar contra ellos. Años después del asesinato de Lennon, se revelarÃa que el fbi habÃa recopilado más de 280 páginas de archivos acerca del músico, incluidas las letras de sus canciones.
La persecución se intensificó en 1972, ante rumores de una posible gira de Lennon contra la guerra de Vietnam. A Nixon lo angustiaba su influjo sobre alrededor de 11 millones de nuevos votantes (era el primer año en que los jóvenes de 18 años podÃan votar) e hizo lo imposible para desacreditar y deportar al músico y a su esposa, como demuestra el documental The U.S. vs. John Lennon.
Casi medio siglo más tarde, los herederos de Nixon y de Hoover ultrajan la memoria de Lennon. El concierto «Venezuela Aid Live» del pasado 22 de febrero (uno de los performances mediáticos de la operación para introducir «ayuda humanitaria» en Venezuela y justificar la intervención militar) finalizó con Imagine, interpretada por el colombiano Fonseca. A Almagro, emocionado, se le salieron las lágrimas.
Un periodista escribió: «El Ãdolo de multitudes y pacifista, el ex-Beatle John Lennon, estuvo presente en el gran concierto que se realizó este viernes en Cúcuta, gracias a la interpretación, al cierre, de su himno de paz mundial». Se equivocó doblemente: por un lado, Lennon ni estuvo ni hubiera estado presente jamás, bajo ninguna circunstancia, en un show donde se concentró tanta mediocridad artÃstica, politiquera y ética, tanta doblez, tanta sumisión al poder del dinero y del imperio; por otro, Imagine es más, muchÃsimo más, que un «himno de paz mundial».
Lennon defendió la paz, sÃ, pero no en abstracto; sino como un derecho del pueblo vietnamita y de todas las vÃctimas de la implacable y violenta represión del sistema. En cuanto a la canción misma, no olvidemos sus versos. «Imagina que no hay posesiones», dice, y nos invita a soñar con un mundo «sin codicia ni hambre», unido en una limpia fraternidad humana, sin fronteras ni guerras ni desigualdades ni odios. Ningún «famoso» con los bolsillos llenos y el alma vacÃa, ningún alcahuete de los yanquis, ningún politiquero corrupto, puede escucharla sin asustarse. La utopÃa de Imagine es demasiado radical y avanzada para que la tropa de «Venezuela Aid Live» sea capaz de asimilarla.
Los «famosos» invitaron a Almagro a subir al escenario y, entre una canción y otra, ofendieron al pueblo bolivariano. Fue un espectáculo indigno, cÃnico, donde se hablaba de «paz» y «altruismo» ante la supuesta «crisis humanitaria» que sufrÃa Venezuela y se agredÃa al propio tiempo la soberanÃa del paÃs, su integridad territorial, la autoridad de su gobierno legÃtimo. Más tarde, como sabemos, se conoció que los camiones cargados de «ayuda humanitaria» traÃan en realidad equipamiento para «Guarimbas».
Hoy el imperio emplea los recursos más sucios contra Venezuela, contra Cuba, contra Nuestra América. Es inaceptable desde todos los puntos de vista que pretendan utilizar ahora a Lennon los representantes de la ultraderecha neofascista, los descendientes legÃtimos de sus perseguidores. Se trata de un sÃmbolo que nos pertenece. Ni los «famosos» ni sus mecenas podrán apropiárselo.
GranmaÂ