Sin lugar a dudas, la agresión contra la democracia y la paz social que se ha desarrollado en los últimos meses en y contra la República Bolivariana de Venezuela, no tienen parangón en las tensas relaciones entre los pueblos de Nuestra América y la élite corporativa dominante estadounidense.
El ascenso al gobierno de Iván Duque implicó un retorno del uribismo y de las corrientes políticas de la guerra al poder en Colombia.
Una de las primeras acciones del nuevo gobierno fue socavar los Acuerdos de Paz y la parcial estabilización del conflicto armado, marcando una fuerte agenda de impunidad con respecto al asesinato de líderes y lideresas sociales por parte del paramilitarismo.
El “enviado especial” de los Estados Unidos para Venezuela, Elliott Abrams, publicó un artículo de opinión en el Miami Herald que ha dado mucho de qué hablar.
En la Reunión Ordinaria de la Comisión Interamericana por el Control del abuso de drogas (CICAD) y la Organización de Estados Americanos (OEA), celebrada en Buenos Aires entre el 8 y 10 de mayo, se suscitaron discrepancias entre países por el tema de Venezuela y el narcotráfico en la región.
El Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos presentó un informe titulado “La última defensa de Maduro: la supervivencia de Venezuela mediante la empresa criminal conjunta bolivariana”, una nueva operación informativa, una acción de inteligencia multipropósito contra esa nación.
Un golpe militar, al viejo estilo, se produjo en la madrugada del 28 de junio de 2009 en Honduras. Diez años han pasado ya desde aquel golpe de Estado que derrocó al presidente constitucional de la República, José Manuel Zelaya Rosales.
Son abundantes las evidencias que exponen la infiltración de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en los asuntos internos de la región latinoamericana en forma de golpes de Estado y promoción de guerras civiles.
Los senadores anticubanos Bob Menéndez y Marco Rubio, lograron el 23 de mayo de 2019, la aprobación en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, de un proyecto de ley con medidas muy similares a las que aun sostienen contra Cuba, bajo el principio de la guerra económica, financiera y psicológica, sin descartar las militares, con el objetivo de derrocar el proceso bolivariano y chavista que tanto odian.
‘El bloqueo financiero criminal de EE.UU. contra Venezuela pone en riesgo las vidas de niños venezolanos que recibieron trasplantes en Argentina gracias al apoyo de Pdvsa. Ha sido imposible transferir los recursos para que continúen con sus tratamientos’, escribió el Ministro de Relaciones Exteriores, Jorge Arreaza.
Desde que Juan Guaidó se autoproclamó presidente interino de Venezuela, la retórica emanada desde Washington se ha vuelto cada vez más familiar.
Repite la misma grandilocuente y vacia clase de propaganda de guerra (“crisis humanitaria”) que ha sido usada repetidamente contra naciones de ricos recursos, de Afganistán a Iraq, a Libia, a Siria. Ahora la estamos viendo contra Venezuela.