
Por Rodolfo Romero Reyes
Un niño nació en Birán,
la historia se conmovió
y emocionada anunció:
“Sus cualidades serán
la bravura del Titán;
de MartÃ, la pluma fiel;
de Mariana, dulce miel;
será luz entre los hombres,
y no quiero que te asombres:
debe llamarse Fidel”.
Ese niño, alma radiante,
fue creciendo sin malicia,
aplaudiendo la justicia,
marchando siempre adelante.
Eras tú, mi Comandante,
que con Martà y su ideario,
te hiciste universitario
y desde aquellos momentos,
forjaste tus sentimientos
de ser revolucionario.
El 10 de marzo fue en vano
sÃmbolo de opresión,
porque tu voz fue bastión
para acusar al tirano.
Con un fusil en la mano
encendiste, camarada,
una antorcha consagrada
al oprobio redimir,
y te llevó a combatir
en los muros del Moncada.
Entonaste en el presidio
la marcha del veintiséis,
y el año cincuenta y seis
fue la cumbre del exilio.
El Granma no fue un idilio
y a nuestra Patria llegó.
La historia entonces habló
desde el fondo de esta tierra,
y por reiniciar la guerra
necesaria, te absolvió.
Cuando un padre a ti acudió
necesitando tu ayuda,
se la brindaste sin duda
y Eliancito regresó.
Después un hecho ocurrió:
A los Cinco, capturaron,
e injustos jueces dictaron
las incoherentes sentencias.
Lo anunciaste, con vehemencia,
y los héroes regresaron.
Hoy habla otra vez la historia
e inspira a este pueblo fiel,
y tu cumpleaños, Fidel,
lo suma a nuestra victoria.
“Toda una vida de gloria,
de incesante batallar
de un gigante singular
que bajó desde la Sierra
y con los pobres de la tierra
hizo su suerte echar”.
LÃder de esta nación,
defiendes el porvenir,
y estás dispuesto a morir
por esta Revolución.
Tu imagen es convicción;
tu hldalguÃa hoy es triunfal;
tu firmeza, colosal;
tu sonrisa es alegrÃa;
tus palabras son poesÃa;
tu nombre ya es inmortal.
Hoy quiero felicltarte
por estos años cumplidos,
por tantos sueños vividos,
por ser de Cuba estandarte.
Hoy escribo desde el arte
lo que aquel dÃa sentÃ,
cuando de frente te vi,
me cautivó tu presencia,
y reafirmé mi creencia
de dar la vida por ti.
Entraste en el mes de enero,
la gente te recibÃa    ”
porque en tu obra veÃa    .
la esperanza del obrero.
Con humanismo sincero
les diste oportunidad
a los pobres, dignidad
a quien la habÃa perdido,
cumpliendo lo prometido
con la luz de la verdad.
Una esquina en el Vedado
recuerda aún la conquista
del carácter socialista
que por ti fue proclamado.
Y ante el peligro avisado
de la posible invasión,
llamaste para la acción
a este pueblo uniformado,
que se consagró a tu lado
en la arena de Girón.
No importaron agresiones,
ni bloqueo, ni atentados,
ni un perÃodo limitado
tras caer las ilusiones.
Agosto aquel de tensiones,
tu presencia sin dudar
como en cada batallar
dando al frente tu pecho;
a la injusticia has hecho
más de mil veces temblar.