Camila Oliva*
Mucho se habla y manipula a nivel internacional el proceso electoral cubano. El tan llevado y traÃdo concepto de democracia ha servido de antaño como banderÃn de la crÃtica y el ataque al sistema polÃtico de la Isla. En tanto, los comicios nacionales han sido siempre, para la opinión pública anticubana, los más vilipendiados a través de los años. Las campañas mediáticas que durante décadas han intentado sin éxito desacreditar y promover una especie de cambio de sistema, desconocen, o ignoran de forma deliberada, la justeza y equidad de este momento.
En nuestro paÃs, la esencia participativa del sistema democrático no sólo se materializa en las elecciones y en el carácter popular de la Asamblea Nacional y de los órganos locales del Poder Popular, sino que las organizaciones sociales y de masas también intervienen de forma proactiva. Es asà que las elecciones constituyen un suceso de pueblo, y los candidatos no son postulados por ningún Partido polÃtico, sino por las asambleas de vecinos.
Con esta clara premisa que nos ha acompañado a lo largo de 56 años de Revolución, hace apenas unos dÃas que finalizó, en toda la Isla, la nominación de candidatos a las asambleas municipales del Poder Popular; momento inicial del perÃodo eleccionario a desarrollarse en abril próximo. Luego de un mes de iniciado, la disciplina, asistencia y amplia participación ciudadana ha caracterizado un perÃodo que destaca siempre por su transparencia, no detectándose violaciones a la Ley Electoral y basándose en el más completo concepto de democracia.

Precisamente, este proceso de nominación es hoy para Cuba uno de los actos más importantes en el orden de los derechos constitucionales más legÃtimos. Caracterizado por su profunda participación popular en los diferentes momentos, en la Isla siempre se ha partido del hecho de que las autoridades electorales forman parte del propio pueblo, que el escrutinio tiene carácter público, que todos los candidatos van en igualdad a las boletas, mientras que las urnas son custodiadas por los pioneros.
A diferencia de otros paÃses, en Cuba el voto no es obligatorio. Elegir es un derecho constitucional, ejercido libremente por los ciudadanos. No obstante a todos estos argumentos, continúa resultando totalmente contradictorio ver cómo los que más critican el sistema polÃtico cubano, son precisamente aquellos cuyas deficiencias en este sentido, exacerban la brecha en la participación ciudadana y en los verdaderos valores democráticos.
Por sólo ilustrar con  breves ejemplos, en Estados Unidos el sistema polÃtico está concebido para que los dos partidos principales se alternen en el poder, no existiendo entre ellos diferencias sustanciales en cuanto a sus concepciones polÃticas, económicas e imperialistas. En tanto, el éxito de un candidato depende de su disponibilidad financiera, por el carácter mercantil de las contiendas electorales, y del respaldo de las elites. Incluso, el método de elección presidencial permite que un aspirante a la Casa Blanca pueda ganar sin contar con la mayorÃa del voto popular.
Mientras, en Canadá, la figura suprema de poder no es una persona electa por el pueblo, sino un Gobernador designado por la Reina de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Por su parte, el Primer Ministro canadiense, quien no es elegido de forma directa, tiene poderes ilimitados para designar a los miembros del Gabinete, los Senadores, jueces de la Corte Suprema y demás cortes de Justicia Federal, asà como a los miembros de la Junta Directiva del Banco Central y los ejecutivos de importantes corporaciones estatales.
Sin embargo, en Cuba, las elecciones continuarán siendo un suceso de pueblo, por lo que las máximas autoridades del paÃs no intervendrán de forma alguna en el proceso electoral, radicando ahà la enorme diferencia con las democracias representativas. La elevada participación popular, y la representación de los diversos sectores sociales del paÃs, confirmarán por mucho tiempo el respaldo de la inmensa mayorÃa de la población al sistema polÃtico escogido de manera democrática.
*Periodista Cubana