Tres moralejas provisionales a casi un mes del nuevo ciclo de cambio de régimen
Entre los cambios de velocidad en la agenda, y lo acumulativo extremo de cuanto “dato” informativo aparece en lo que va de mes, fuera del seguimiento de lo evidente (que en comparación con jornadas anteriores, sorprende el grado de movilidad de los procesos y operaciones en la opinión general, sobre lo que se mueve hoy en dÃa contra Venezuela), algunas moralejas se pueden ir extrayendo de lo que vamos aprendiendo estos dÃas.
Ahora que nadie puede esquivar que Venezuela, quiérase o no, es el centro de gravitación global desde prácticamente cualquier punto de vista, frente a la evidencia también en el fondo se pueden desentrañar algunas fábulas tal vez menos explÃcitas, o más difÃciles de nombrar de buenas a primera, pero que, sin lugar a dudas, también están ahÃ.
Van aquà algunas.
1. Fábula de las formas muertas o el primer golpe riáliti de la historia
Lo dicho hace casi un año: las formas habituales de la polÃtica (exterior) han muerto, definitivamente. Y en su lugar atestiguamos el simulacro, vÃa marcapasos mediático, de un lote de procedimientos que apenas alcanzan a darle algo de cobertura a la urgencia de otorgarle contexto polÃtico y fondo “humanitario” a una vulgar maniobra de fuerza.
La disposición del escenario es la misma que pudiera encontrarse en la estructura de un riáliti show: representación de realidad tangible en desarrollo bajo la apariencia de un “tiempo real”, lo que incluirÃa la habilitación por las vÃas que sean (legales, mediáticas, militares); un pacto de verosimilitud entre el consumo global 2.0 que se enuncia desde la producción ejecutiva del propio evento televisivo; la fabricación de situaciones que deben promocionarse como “tomados de la realidad misma”, y que, mezcladas las tres, sean capaces de movilizar los resortes emotivos de la razón sumisa, en este caso, hacia un objetivo “polÃtico” determinado.
No en balde el retablo del golpe comenzó con la autoanunciación de Guaidó el 23 de enero, y su viabilización “institucional” la inauguró un tuit presidencial, desde la Casa Blanca.
Pero la mayor constatación de que se trata de una violenta operación de cambio de régimen y no un conjunto de peripecias y virajes de un elenco pre-seleccionado, no proviene exclusivamente de ese andamiaje de superficie sino de otro elemento, sintomático, por cierto, de los operadores principales del golpe: el error de cálculo polÃtico puro y duro.
La presunción de que los llamados que se dieron la semana del 23 de enero eran suficientes para producir un “efecto dominó” (la frase preferida de Iván Duque después de “cerco diplomático”) que harÃa que lealtad y soberanÃa polÃtico-militar migraran del susto y de forma automática al paragobierno de Guaidó sin mayor esfuerzo que lo que pudieran decir Pence, Rubio, Bolton y Pompeo.
El hecho de que toda una representación de realidad (la creación de un “gobierno” que emerge de la nada jurÃdica) vaya a contrapelo de la realidad misma (la existencia tangible de un gobierno real y de unas condiciones concretas y especÃficas que minan la solidez de la hipertrofia narrativa en curso) es suficiente para que se produzca la disonancia sobre el ecosistema informativo que, a casi un mes del inicio de esta jornada, más allá de declaraciones y frases prefabricadas, siga operando desde el vacÃo.
La raÃz del problema de fondo podemos encontrarla en la matriz ideológica y doctrinaria de quienes administran hoy en dÃa las palancas de la polÃtica exterior gringa: los neocon. Los mismos que, asumiendo la facultad de “crear realidades” (a diferencia del resto de la humanidad de a pie), la misma red de fanáticos ideológicos que crearon las “armas de destrucción” masiva, y que, sin experiencia militar alguna, concebÃan que la “liberación de Irak” era una “cuestión de meses”, puesto que la población iraquà recibirÃa a las tropas de la “coalición” con los brazos abiertos.
Pero si marzo de 2003 fue la tragedia, enero-febrero de 2019 serÃa la farsa. Esto no puede traducirse de ninguna forma como un chiste sin efecto que necesita ser explicado, sino como la degeneración dialéctica de un envión de violencia franca mal vestida de superficialidades: el golpe de Estado más frÃvolo de la historia.
Moraleja: no das un golpe de Estado para no darlo. Si no pudiste controlar los canales técnicos, lo que es, en esencia, la vÃa por donde se ejecuta un cambio de gobierno con o sin el uso de los recursos de la fuerza (pensando como Curzio Malaparte), y si luego del primer movimiento no pudiste otorgarle dirección al impulso y contenido polÃtico (más control de al menos algunos sectores crÃticos del Estado, pensando como Edward Luttwak), ¿qué queda?
EEUU acentúa el grado de peligrosidad y destrucción mediante el cual podrÃa desembocar el conflicto
Tal vez esto confirmarÃa cierto grado de confusión, si atendemos que en un primer momento todo se movÃa con una velocidad pasmosa, para de repente ralentizarse al infeliz goteo de estos dÃas pre “desembarco humanitario” en la frontera tachirense.
Pero no todo es risa y chascarrillo: mientras nos seguimos adentrando en territorio inédito (no podemos pensar este episodio de la guerra en función del anterior) y ya queda constatado no que el emperador siquiera esté desnudo (sino que cuenta con una sastrerÃa deficiente en el mejor de los casos), dos caminos, pudiéramos creer, se abren: el de muerte de la iniciativa por estancamiento o el de la violencia desnuda.
“Nuestras élites agotaron el fraude. La fuerza es lo único que les queda”, escribió Chris Hedges parafraseando a George Orwell, y esta observación es buena sÃntesis de lo dicho hasta ahora. También lo es para subrayar la urgencia sobre controlar el capÃtulo Venezuela. Y la centralidad de Venezuela tanto para la polÃtica exterior estadounidense como la nación que le va a dar medida al futuro de las relaciones internacionales en el planeta.
2. Fábula de los niños (los “biútiful béibis”)
Reiteremos: que el primer golpe riáliti de la historia dependa tanto del discurso espasmódico con el que, tuit a tuit, Bolton y Rubio pretenden forzar el cambio de régimen a punta de ciberbullying, lo que hace detrás de la mueca es acentuar el grado de peligrosidad y destrucción mediante el cual podrÃa desembocar, sobre todo al agotarse aquello que llaman “las narrativas”.
Aquà no podemos olvidar que además de los motivos pesados en lo geopolÃtico, y en lo histórico, respecto a la memoria de la intervención contra Venezuela va muy por encima de los poderes formales establecidos (la presidencia estadounidense y el aparato legislativo), también se pueden desentrañar motivos pedestres, certificando aún más la demencia neocon para que algunos funcionarios puedan reivindicarse con el protagonista del riáliti (Trump y su presidencia a la The Apprentice) para no perder sus puestos de trabajo tras una mala jornada.
Ya dÃas antes del 23E, Bolton fue hasta humillado en su última visita a TurquÃa y Pompeo tampoco es que tuvo una gira exitosa por los paÃses de la PenÃnsula Arábiga. Tratándose de un gobierno con más de 120 defecciones y despidos de cuadros de alto perfil, dentro de esa lógica burocratista, para ambos funcionarios una remoción de contrato constituye una amenaza existencial.
Aquà también pudiéramos encontrar otra trama subyacente a la agenda del cambio de régimen, por más que Venezuela haya sido por tanto tiempo el motivo de los desvelos de Marco Rubio. Asà operen motivos e intereses superiores, lo que le da contorno y modo de abordaje el caso venezolano, es tarea del lobby anticastrista cubano-venezolano del sur de la Florida.
Ante el desastre en el Medio Oriente, según ese cálculo, la “troika de la tiranÃa” en la escueta estructura mental de un Bolton pareciera verse como el propio objetivo blando (soft target) que una vez realizado en agenda pudiera volver a congraciar a los dos personajes. Es una especulación.
Una lógica que irÃa algo asà como que ya estando la República Bolivariana de Venezuela suficientemente desgastada y golpeada por tantos años de sanciones, guerra hÃbrida y violencia, basta con un empujón para cerrar esa historia, y, con las mismas, caÃda Venezuela, hacer lo propio con Cuba y Nicaragua.
Y conforme avancen los dÃas y se extienda el tremedal polÃtico que ha puesto al borde al orden internacional, la urgente necesidad de una salida rápida y desesperada se avizora en el panorama, y en este punto la frontera colombo-venezolana vendrÃa a convertirse en un personaje principal en toda ley. Está claro.
Ya atestiguamos el tanteo fake de niños siendo secuestrados/reclutados/desaparecidos (sin noticia exacta ni nombre alguno) como para ir aumentando las apuestas y el nivel de atención directa del propio Trump. Del punch de este recurso se pueden encontrar diversos precedentes, pero tenemos uno muy a la mano en el mundo post-kardashian en el que vivimos, ahora bajo la Administración Trump.
Dos veces (en abril de 2017 y en abril de 2018), desde la llegada de la actual administración al poder, Siria fue bombardeada, digamos, de forma abierta y oficial por los Estados Unidos y los gobiernos de maletÃn que los acompañó. En ambos casos, el cómo se llegó hasta el punto para movilizar a un renuente Trump está ampliamente documentado.
En ambos casos, cómo no, fueron necesarios un descomunal despliegue de fake news y fabricación de circunstancias sobre el terreno (valga decir, sobre suelo controlado en ambos casos por Al-Qaeda y demás filiaciones) para producir esa “realidad”, ese manto de verosimilitud y sentimentalismo que permitiera instalar el consenso de su necesidad y urgencia, revestido, como en el caso venezolano, como un asunto “moral”, independientemente de lo que diga la legislación internacional.
El grupo de poder tras el cambio de régimen está desesperado
De los dos casos, el primero, el de 2017, arroja una pista tragicómicamente narrada en el libro-compendio de chismes Fire & Fury: inside the Trump White House de Michael Wolff (capÃtulo 14, “The Situation Room”). Su hija Ivanka y Dina Powell fueron las que finalmente, tras dÃas en los que se encontraba renuente a actuar, le enseña los videos que se escenificaron en Khan Sheijun.
Luego de una presentación llevada al nivel más básico pero contundente posible, Trump reaccionó facilitando una muy esperada respuesta a la creciente presión dentro del establishment gringo que, como en Venezuela, no resultó contradictorio el dejar de lado la tenacidad de la contienda para estar de acuerdo en la necesidad de “hacer algo”.
En rueda de prensa, el presidente respondió ante la interrogante de si iba a actuar, respondiendo afirmativamente puesto que Bashar al-Assad “es un carnicero”, perpetrando un ataque que dejaba en ese estado a tantos “beautiful babies”.
(El cómo los llamados Cascos Blancos lograron “producir” esas escenas poco tuvo que ver con gas sarÃn y sà con cualquier otra intoxicación a la carta que tuvieran a la mano para darle consistencia a la especie del ataque; lo importante, en esta descripción, va de cómo fue que lograron la tan ansiada reacción del presidente.)
Ante un panorama en Venezuela que, por más que no deje de avanzar casi de forma improvisada (la ausencia de Plan B reseñada por el Washington Post) haya perdido el fuelle inicial, una salida desesperada bajo este formato comienza a ser algo tangible. Ya no digamos cÃnico y brutal.
Pero, al igual que en Idlib en 2017 bajo el control de las variaciones de Al-Qaeda y el rosario de facciones yijadistas restantes, del lado colombiano de la frontera tienen control absoluto de todo lo necesario sobre el terreno: la escenografÃa, los operadores a todo nivel, los actores y, en este caso, en el paÃs de los falsos positivos y bajo el gobierno más redomado de su historia, un (elaborado) golpe de efecto de estas dimensiones esta semana pre-desembarco humanitario se vuelve algo peligrosamente plausible.
Habida cuenta de que, por todo lo que hemos visto, Trump pareciera no tener la misma renuencia que tenÃa respecto a Siria en 2017.
El punto es que, más allá de ser esto una posibilidad declarada y concreta, el modus operandi, el esténcil sobre el cual se actúa, ya existe. Ya han logrado que, fuera de cualquier marco analÃtico convencional, una decisión de este calado sea tomada en base a una conmoción inmediatista que precipite acciones de este estilo.
Desde ese lado del rÃo Táchira cuentan con todos los implementos en la caja de herramientas para una operación de bandera falsa que fabrique el urgidÃsimo punto de inflexión.
Uno prefiere, sin lugar a dudas, apostar para perder en este caso. Sin embargo, al estar el paÃs lidiando con lo peor de la condición humana, y amén de intentos anteriores aquà y en cualquier otro foco crÃtico del globo, una acción como esta no puede descartarse de antemano.
Moraleja: si sospechas que este grupo de poder está desesperado, es porque lo está. Y la salida de emergencia pudiera tener esa mezcla fatal de precipitación de todo, un intencionado alto grado de destrucción y estremecimiento, y una potente carga de estupidez.
3. Fábula del fin de ciclo, o la fábula de los fabuladores
William Serafino de forma acertada se formula la pregunta sobre si en el caso Venezuela se juegan las elecciones presidenciales gringas de 2020. Ampliando un poco más el espectro, Greg Grandin apunta que, además de todo lo que estamos viendo en estos tiempos dementes, la derecha utiliza a nuestro paÃs para reorganizar la polÃtica interna. En ambos casos, se sostiene la misma premisa: en última instancia, quien controle la polÃtica exterior controla al Imperio, y no al revés.
En el centro, vale repetir una vez más, de esta disputa en lo geopolÃtico, está la primacÃa del petrodólar. “Es crucial el comprender que en la actual precariedad internacional tiene su raÃz en los problemas económicos estadounidenses. Ese es el factor clave que vincula todas las demás tensiones y conflictos aparentemente disparatados [en el mundo]. Venezuela es otra demostración de un problema estructural amplio centrado en el colapso del capitalismo estadounidense”, apuntó Finian Cunningham hace un par de semanas. Y para buscar constatación de lo dicho sobrarÃan los ejemplos, pero no el espacio en esta nota.
Venezuela sà representa una amenaza inusual y extraordinaria a la plutocracia gringa
En cuestiones de forma, pareciera que esto también le darÃa una explicación a la velocidad y el aumento de tensión contra el paÃs. La aparición de Guaidó en el centro, para no perder lo frÃvolo del panorama, fue su “alineación de los astros”, como dijera un miembro del gabinete de Marco Rubio al Miami Herald.
Pero asà como Bolton y Pompeo pudieran encontrar amenazada su permanencia en el gabinete Trump de haber una nueva chapuza en el panorama, la planta más pesada de los poderes puros y duros sà pudiera estar entendiendo la verdadera urgencia de alinear a Venezuela y cerrar el espacio hemisférico para insuflarle un nuevo electroshock al petrodólar, y crear, por ejemplo, como algunos señalan, una suerte de cartel petrolero hemisférico que le haga la competencia a la propia OPEP, tratando de generar capacidad de maniobra extorsiva frente al ascenso de la opción euroasiática y el orden multipolar.
Pero asà como se pudiera entreleer que los distintos grupos de poder que hacen de los Estados Unidos un interlocutor esquizofrénico sienten esa amenaza, no es forzado imaginar que también está sintiendo sus propios lÃmites, pensemos entonces, por un momento y a partir de ese filtro, en la casi exactitud del discurso del vicepresidente Pence con el comunicado de Nancy Pelosi a propósito de Venezuela, a pesar de en lo doméstico estar, según se narra todos los dÃas, totalmente y casi irreconciliablemente enfrentados en todo lo demás.
La multi-crisis estadounidense también se expresa en su propia incapacidad de reinvención, como señaló proféticamente Chalmers Johnson casi dos décadas antes del hoy en dÃa. Es, también, la premisa esencial de El taller del imperio: Latinoamérica, los Estados Unidos y el ascenso del nuevo imperialismo (2007) de Greg Grandin: a lo largo de toda su historia, los Estados Unidos se han valido de América Latina para salvarse a sà mismos.
De la combinación de estas dos ideas, se hace aún más comprensible la aparición de Elliot Abrams como enviado especial del Departamento de Estado para Venezuela sobre el panorama: la urgencia (alguien con el currÃculo que termine de hacer de una buena vez el trabajo) y la parálisis de la propia imaginación polÃtica del poder gringo hoy.
Lo sabemos: Abrams cobró notoriedad inicialmente por el papel que desempeñó como encargado de “derechos humanos” para el Departamento de Estado en la Administración Reagan (tal vez sólo John Negroponte le rivalizarÃa en la dimensión sanguinaria de su papel en Centroamérica). Las masacres y genocidios en Guatemala, El Salvador y Nicaragua fueron el pistoletazo de partida de la nueva faceta del Imperio, con su respectivo (y muy dañino) reflejo en la propia sociedad norteamericana.
Las técnicas de contrainsurgencia y de brutal socavamiento interno, con sus múltiples redes y capas de apoyo logÃstico desde lo financiero hasta la implantación de una legitimidad polÃtica, que encontraron ahà su prototipo, luego se emplearon contra Yugoslavia y después contra el Medio Oriente (piénsese en los grupos de exterminio a la salvadoreña en los primeros años de la guerra contra Siria) que ahora se devuelve con el mismo grado de descaro y franqueza sobre el hemisferio.
La compulsión de retornar a la idea de “patio trasero” absoluto para una nueva ronda de experimentación, a costa de todo lo humanamente vivo, en el laboratorio latinoamericano, y en Venezuela, su punto focal más intenso hoy en dÃa, como al inicio de esta “aventura” lo fueron Guatemala, El Salvador y Nicaragua. Ahà donde nació.
“Todo se está desarrollando ahora mismo, en tiempo real. Los mismos actores, los mismos trucos, la misma preocupación patentemente hipócrita por los pobres hambrientos. Y los medios estadounidenses lo están despojando de todo su contexto esencial, presentando a estos operadores radicales del cambio de régimen como humanitarios que se rasgan las vestiduras”, resumÃa Adam Johnson, a propósito de la cobertura que los principales medios mainstream le dan a Venezuela.
Visto asÃ, lo de Abrams tal vez no es una demostración muscular solamente (como lo fue el bombardeo e invasión a Panamá en diciembre del 89), sino el sÃntoma malsano de un ciclo de episodios que se cierra ahora con esta última “aventura” imperial.
Moraleja: Venezuela sà representa, entonces, una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad de los Estados Unidos. Pero no en términos militares. Y tampoco para “los Estados Unidos”, como para la maquinaria plutocrática que controla todo el sistema gringo y lo empata con el resto del sistema arterial corporativo que respira petrodólares, y que sin eso, se muere.
