Por Aymara Vigil
La mano le temblaba mientras sostenía el teléfono. La ansiedad por escuchar una voz, su voz, no la dejaban concentrarse en las informaciones que una tras otra pasaban por el televisor. Matthew entró a Cuba por su región, exactamente por su tierra. Decían que estaría un promedio de 36 horas golpeando esa parte de la geografía oriental y ya habían transcurrido una buena parte de ellas.
Se preguntaba tantas cosas; pensó en tanta gente. Volvió a preocuparse. Tomó nuevamente el teléfono, pero nada. Todavía no había comunicaciones. Ni un tono, ni un mensaje con voz de robótica muchacha…nada. Miércoles 5 de octubre, 2:17 de la tarde. Aún no había sabido de ella.
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A Leticia siempre le preocuparon los fenómenos naturales. Nunca le gustó mucho la lluvia, y aborrecía el viento tan fuerte que no la dejaban caminar tranquilamente por el borde de su malecón, uno de los más lindos de Cuba, según decían todos los baracoenses. Es por eso que se aterrorizó cuando supo que un Huracán categoría 4 pasaría justo por encima de su natal Guantánamo. Había dejado Baracoa, hacía ya 23 años. Aún le quedaba en su pueblo su madre.
A pesar de sus 73, su madre Leonela estaba tan fuerte y lúcida como el día en el que se había ido para La Habana; sin embargo, hoy eso no era consuelo. No había podido llamarla cuando supo la noticia de Matthew y ahora no podía comunicarse con ella. Temía que la casa en donde había pasado toda su infancia y juventud no resistiera el impacto de los 200 km de viento previstos. Se imaginaba las olas llegando a las calles de la que fuera su escuelita primaria.
Leticia había pasado en Baracoa, aún siendo muy niña, el Huracán Flora. Solo recordaba las fuertes ráfagas de viento y las lluvias, la primera tormenta que vivía. También recordaba el Ike, que, aunque en esa época ya se encontraba viviendo en La Habana, le sorprendió haciéndole la visita a su madre en septiembre de 2008. Ahora, el Matthew, prometía ser diferente. Todos los pronósticos apuntaban a que este huracán vendría con fuerza arrasadora y se ensañaría con el oriente del país.
Había escuchado atenta todos los anuncios de la Defensa Civil. Repasaba una a una las palabras de Rubiera en cada parte meteorológico. Miraba los reportes de la prensa en la revista especial que, gracias a Dios, le iba informando de a poco, cómo se comportaba el tiempo en la región.
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Aún estaba preocupada. Había escuchado que Imías estaba totalmente incomunicado. Decían que Maisí sufría los embates de Matthew y no podía evitar preguntarse por Baracoa. Por su casa, por su madre.
Tampoco podía llamar por teléfono, pues la fuerza de los vientos había derribado todas las instalaciones telefónicas. Solo le quedaba la agónica espera e ir actualizándose con las informaciones de los medios.
Poco a poco fueron saliendo las instantáneas de su tierra. Se sucedían las imágenes de un pueblo en ruinas, destruido, lleno de escombros. Parecía que la ciudad que se desplegaba ante sus ojos había sostenido una encarnecida batalla contra Matthew… y había perdido la pelea.
Habían transcurrido cuatro largos días desde el paso del destructor por la villa primada. Intentó probar suerte nuevamente con el teléfono. No había renunciado a escuchar esa voz maternal que tanto añoraba. Un timbre, un alivio, y la pregunta desesperada ante el “oigo” al otro lado de la línea. “Mami, ¿estás bien?”
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En la primera conversación que sostuvieron, Leonela le contaría a Leticia que todo había salido bien con ella y todos sus vecinos. Le diría que desde que en su pueblo conocieron la noticia, la Defensa Civil había decidido evacuarlos y los habían atendido maravillosamente. Describiría que la noche en la que Matthew tocó suelo cubano fue la más larga que todos habían vivido, y que nadie había dejado de pensar, ni por un segundo, en lo que se encontrarían al otro día.
Entre suspiros también le contaría que, de su casita, la casa en la que la había criado, ya no quedaba nada. Tuvo que recuperar parte de su ropa debajo de los escombros y tuvo también que ver, con dolor, las calles cubiertas con ramas, tejas de metal de los techos de las casas y cables eléctricos caídos de los postes que una vez estuvieron en pie.
A pesar de todo, Leticia no advirtió en aquella voz tristeza o desesperanza. Su madre, después de todo lo contado, la aliviaba al recordarle que nadie había muerto, y que ella, gracias a la Revolución, no tenía ni un rasguño.
Le relataría, además, cómo las calles llenas de escombros habían pasado a estar repletas de constructores, linieros, ingenieros y muchas otras personas que fueron a ayudar en la reconstrucción. Contaría que ya le habían dado un subsidio para comenzar a levantar su hogar y que ya llegaban desde otras provincias los materiales. Sin embargo, en esa primera llamada, no se habían dicho lo más importante.
Tuvo que esperar hasta una segunda comunicación para escuchar el grito de su madre al teléfono, con unas palabras que jamás olvidaría. A pesar del dolor, de la devastación, podía escuchar la alegría en su voz cuando le dijo: “Raúl está aquí, ahora sí que todo va a estar bien”.
Especial y muy conmovedor este artículo, cosas que en realidad le sucedió a muchas personas en el oriente cubano, confiamos en la Revolucion y hacia delante.
Soy Guantanamero, no de Baracoa pero si de la tierra guantanamera. Me conmovió mucho este trabajo, no conozco a la periodista, pero mis felicitaciones. Emotivo y bello
Felicidades Aymara, muy bueno el artículo. Estamos orgullosos. Saludos.
Excelente manera de llevar lo que significó Matthew para todos los baracoenses. Una historia que también hago mía, pues tengo primos y tíos en Maisí. Muy buena la forma esta de escribir. Saludos. Pedro Arzugaray
Linda, muy linda esta historia, y que puede ser tan real. Muchos cubanos de la region oriental, vieron como perdian todas sus cosas, como el Mathew arrasaba con todo. Mas, luego de la tempestad la calma y en un abrir y cerrar de ojos, el pueblo entero se levantaba para reconstruir lo destruido, todo un pueblo junto a sus lideres luchando juntos.
Muy bella la cronica.
Bonito este escrito de esta periodista. Es verdad que fue asi, muchas de las personas que no vivimos en el oriente del pais y tenemos familia por alla, pasamos esos dias en vilo, con susto total, esperando al igual que Leticia saber de la suerte que habian corrido nuestros familiars o amigos. Locos por preguntarle si estaban bien.
Nuestra Revolucion no deja a nadie desamparada, aunque el huracan acabara con todo, lograremos salir de todo y hechar pa alante como pueblo aguerrido que somos. que no se preocupen esas Leticias, que con la ayuda de todas sus mamis siempre van a estar bien.
Cuando vemos los animados de Voltus no nos percatamos que los cubanos hacemos lo mismos ante los embates de fenómenos atmosféricos y nos unimos para combatir las adversidades, de no ser así como se contarían sucesos como éste , no es así
¡¡Me encantó este conmovedor artículo en forma narrativa !! Me imagino que así debe se haber sido para muchos de los habitantes de la ciudad primada. Muchas felicidades para la peiodista, le auguro un futuro brillante en la profesión.
Conmueven artículos como éste y hablan por si solos de la idiosincracia de los cubanos, a pesar de los pesares, nos crecemos con talla de gigante ante cualquier dificultad y la solidaridad crece y crece hasta alturas increibles.
Es verdad Cristina, los cubanos nos crecemos ante las adversidades, siempre, ante cualquier amenaza, peligro o situacion dificil, salimos con el pecho a darle el frente. Miren lo que esta pasando ahora en Guantanamo, decenas de brigadas de todo tipo, se han volcado hacia alla para ayudar en la reconstruccion, de otra manera no podia ser.
Dicho sea de paso, me gusa como escribe esta periodista, muy fresca su manera.
Muy conmovedor el articulo, yo no tengo familia en la zona y me mantuve frente a la tele para estar informada, el dolor de ver la Ciudad Primada, totalmente devastada me oprimia el corazon, cuando decian que no habia comunicacion con Maisi, imias y esa zona, YO, protestaba, porque nosotros tenemos medios para llegar alli y dar informacion al pueblo que se encontraba atento al suceso. Las imagenes que da la tele e internet, son terribles. El puente sobre el Río Toa, totalmente destruido, tambien los sembrados, el cacao, los cocos, las palmas, las miles de familias sin viviendas, las industrias, Hoteles con afectaciones…. !! Pero sin Victimas!!!… porque Tuvimos una preparacion como nunca, un pueblo disciplinados, organizado y obediente, que cumplió al pie de la letra todas las indicaciones y que se mantenia informado de las posibles trayectorias y pronósticos. porque el huracan Temible amenazaba a oriente completo. Yo me preocupaba porque Guantanamo no habia sido afectado por un VICHO tan terrible y gracias a la organizacion y preocupacion de todos, NO tenemos que lamentar ninguna vida perdida, hay muchos daños pero nos recuperaremos, para eso Tenemos una gran revolucion de 58 años y un Raul al frente y contamos aun, con las orientaciones y el vivo pensamiento de Fidel, de Nuestro Comandante. Gracias REVOLUCION!!!!!!!!!!!!. Unámonos que venceremos.
muy bueno
Es verdad Barbara, nuestra revolucion en enorme, con su apoyo y ayuda todos los guantanameros podran reponerse de los desastres que dejo ese BICHO de Matthew!
Tremendo artículo, que refleja fielmente la característica del cubano, de su solidaridad con los familiares amigos y vecinos y el trabajo de la prensa como difusor de todas las tareas, medidas y planes para evitar las pérdidas. Esto solo se logra con una revolución como la nuestra, y sus dirigentes.
Muy buen artículo. Felicidades, no pierdan el impulso de seguir regalándonos trabajos como este
es muy importante la preparacion y la solidaridad que tenemos los cubanos ante un dolor y que del dolor lo convertimos en alegria a ver que los primeros lideres de la revolucion estan a nuestro lado me solidarizo con los compañeros que han pasado por este triste dolor no es facil lograr tener algo y perderlo pero lo principal lo tenemos que es la vida humana mientras que en Haiti hay tantos muertos y desaparecidos con gran alegria y dolor me uno a todos los que pasaron por este triste momento pero con la orgusolla satisfaccion que van a salir adelante pues de hecho alli esta la ayuda de todo un pueblo con ustedes adelante cuidense y como siempre feliz de ser cubanos
A Celina desde lejos le decimos que Leonela como tantos otros cubanos no están solos, aunque distantes de Baracoa, en la capital del pais, nuestro pensamiento de hombre y revolucionario humilde, estuvo al lado de nuestrros compatriotas, esa noche no dormi, me preocupaba por la vida de nuestros hermanos, estuve todo el tiempo viendo la revista especial informativa y pedía mucho a Dios que no tuvieramos que lamentar vidas humanas, en Cuba hay un gran huracán se llama pueblo, partido, consejo de estado, revolución por ello mi casa es también de Leonela y cuántos la necesiten , asi somos los cubanos.un huracán de grandiosa solidaridad humana.
Bravo!!!!!!, es impresionante y conmovedor este artículo, por un momento pensé estar viviendo la historia, y esto se debe al buen trabajo de la periodista, muy buena tu actuación Aymara, muchas felicidades.
Wuao q historia esa…muy conmovedora …pero que bueno que ella ya pudo hablar con su mama…debe de estar FELIZ en cambio yo aun no he podido hablar con la mia….
esto me dio la suerte de poder hablar con mi mama ejejeje..ayer enviando el comentario y al min mi mama llamo…
Que suerte que pudiste hacerlo Yimer. Tu y tu mama me tenian preocupada. Jajajaj