Recluida en su casa de Bayamo, víctima de la tuberculosis, el gobernador Udaeta le asignó, para su atención, a un médico cubano que servía en el ejército español. Al salir de su inconsciencia, Adriana rechazó la presencia del médico alegando: “con ese uniforme usted no puede curarme, yo no le permito que me atienda”. Y volvió a quedar sin conocimiento. Pocas horas después Adriana abría los ojos.
Lo recogí. Moby Dick, leí y fue imposible que no asociara aquel título extraño con el de la novela que Ovidio quería para su hijo. Quizás los libros no sean culpables de nada, quizás sean lo único en el mundo libre de antemano de toda culpa, pero la verdad es que yo no podía llevarle al hijo de mi amigo un libro que debió pertenecer a uno de sus asesinos.
El pasado 23 de julio, en un accidente automovilístico, fallecían los cubanos Oswaldo Payá (líder del ilegal Movimiento Cristiano Liberación) y Harold Cepera, mientras que resultaban heridos el español Ángel Carromero Barrios (Partido Popular) y el sueco Jens Aron Modig.
Los medios de comunicación de España y Miami, que han dado espacio a todas las especulaciones sobre el accidente en que falleció Oswaldo Payá, no han querido enterarse de una reveladora información aportada por un cable de la agencia EFE que sólo ha reproducido elmundo.es y evidencia que el funcionario del ayuntamiento de Madrid y dirigente del Partido Popular que conducía el auto en que viajaba Payá es el responsable del accidente, según propia confesión.
Ya no tenía hambre y tampoco me gustaba la comida que sirvieron, por lo que me quedé sentado sin tocar ni un cubierto. Sor Belén me obligó a comer en otro idioma otra comida que no era la de Angélica. Yo no quería, lo juro, pero ella me empujó el huevo a la fuerza. Sentí un asco muy grande y vomité enseguida. También sentí vergüenza pues todos en el comedor nos miraban. Aliméntate apropiadamente. Yo no podía, lo juro. Sor Belén volvió a obligarme, esta vez a que me comiera el vómito.
El pájaro azul atraviesa la primera luna, se sumerge en la segunda luna, se disuelve en la tercera luna. Pronto encontraré a María Bonita en el río. Algo va a cambiar, de la casa de Pedro surge música. ¿Quién puede visitar esa casa y traer música de bailarinas inocentes? Llueve, miro todo a través de un cristal imantado por la candidez del viento de montaña. Quizás a la noche no me maten y viva eternamente bajo el influjo de la música de las bailarinas inocentes.
Y el día 10, ya a punto de virar para puerto con las neveras llenas, fue el secuestro. Nosotros nos enteramos el lunes once después que alguien oyó por Radio Swan, en el programa de la novela, los nombres de los pescadores presos (…) Dicen que sintieron de buenas a primeras ruido de motores que se acercaban, y que miraron y eran dos lanchas rápidas. Cuando llegaron a la altura de los barcos empezaron a dar vueltas mientras sus tripulantes desenfundaron todo tipo de armas. Entonces uno de ellos gritó: “¡Fondeen ahí si no quieren irse a pique…!”
No es el dolor, que muerde como un perro. El dolor se aguanta, el dolor pasa. Es esa desesperación que te queda por dentro; y tienes que aprender a vivir con eso. Hay días en que parece que se puede olvidar: tienes la mente ocupada y te sientes un ser normal, como los demás; pero entonces alguien llega y te mira, o te acuestas a dormir y vuelve la vieja pesadilla, o ves una foto en el periódico, y ahí están otra vez la angustia, y la rabia y el odio apretándote el pecho.
Bajo el patrocinio de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana, contrarrevolucionarios cubanos vuelven reunirse en la sede teatral del llamado Estado de SATS, en el barrio de Miramar, ahora en un Festival Clic supuestamente “dedicado a promover el uso de Internet en la sociedad cubana”, pero cuyo verdadero propósito es: “avanzar en la estrategia de construir redes previas a una agresión, como hicieron en Libia, Siria y antes en Yugoslavia.
Entre las entidades “bendecidas” por la National Endowment for Democracy (NED) para acciones contra Cuba se encuentra la supuesta ONG argentina Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL) que recibe financiamiento para sus acciones, de manos de las sucursales de la CIA en América Latina.