El Abela fue vendido en tres mil doscientos dólares y el subastador anunció el siguiente nombre: Portocarrero. Después de otra dilatada porfía, una señora lo obtuvo por cuatro mil ochocientos. Y siguieron las propuestas: Amelia, Servando, Carmelo González. Y continuaron los dólares, por cientos y miles, resonando en el ámbito del salón. Al Maestro lo llamaron enseguida…
París ya tiene encendidos más focos que nunca. Esa noche la Ciudad Luz se hará día a las doce pasado meridiano, es 31 de diciembre de 1999. En Times Square, Nueva York, una multitud impresionante, venida de muchos países esperará el siglo XXI. Los anuncios luminosos y fosforescentes, con imágenes en movimiento, compiten en belleza, y cada quien tiene en su mano un racimo de uvas rojas: es el turismo más espléndido que el hombre puede imaginar…
[…] Sí, y a los pocos días jodí a un ciclista. Lo paré cuando iba llegando a Santa Tecla, bajo La Ceiba, y también le volé la cabeza con un tiro de cuarenta y cinco. Y cuando me enteré de que tenía catorce años y vivía con su mamá y que era el tercero de cinco hermanos sin tata, me di cuenta que le había hecho un favor. Y a lo mejor también se lo hice al italiano. […] Sí, al que maté con la bomba del hotel Copacabana… […]
Comenzó un zigzagueo por las calles de Nueva York, tratando de burlar el seguimiento. No podía llegar a casa de tía Eva con ellos detrás, tampoco quería volver a la misión, todo era cuestión de evadirlos, de doblar bien la esquina inesperada como en cualquier película (…) Recordó que también debió tener una pistola cerca, su pistola, la muchacha que nunca compartía sus recorridos por aquella ciudad porque la prefería en la gaveta, engrasada, como objeto museable y no como objeto de muerte. Entonces sintió que le golpeaban en el carro…
Siempre he pensado que pudiera haber sido distinta de lo que soy, tal vez más alegre, menos responsable. Y no es que no me guste ser responsable. Mi madre me enseñó, durante los pocos años que compartimos, a serlo. Yo era demasiado joven cuando ocurrió aquello, ¿cómo después de semejante monstruosidad sentirme despreocupada o hasta feliz, como el resto de mis compañeras de estudio? Una adolescente que pierde a su madre a los doce años, destrozada por una bomba, en un país desconocido…
Mientras el FBI reconoce que ni siquiera interrogó a un solo sospechoso en el caso del reciente atentado contra Airline Brokers, agencia de viaje especializada en Cuba, un sitio web de Miami identificado con el terrorismo denigra a su dueña, Vivian Mannerud, ataca a un comentarista que denuncia la presencia en esa ciudad de potenciales autores del crimen y rememora cómo reunió a algunos de los elementos más violentos de la mafia cubanoamericana en los locales de Alpha 66 en el 2009.
Son fabricados a bajo costo, pagados con “jabitas en fin de año” y los dólares que desde el autollamado exilio reúnen los mismos cuatro gatos de siempre, apoyados además por el presupuesto que anualmente destina el gobierno norteamericano para promover la subversión interna en la Isla. ¿Adivinan quiénes son?
“Bin Laden ya estaba muerto”, dice un agente de la CIA. Beierkan Yashar reveló recientemente que el líder de la red AL-Qaeda, Osama Bin Laden, había muerto por enfermedad cinco años antes de que los Estados Unidos declararan su muerte.
Moutaz Al Qaissia – un palestino que estudió en Cuba- no dijo “incultos perros comunistas” ni “incultos perros castristas”, sino que generalizó a todos los nacidos en esta tierra.
Sin embargo, existen personas aquí nacidas que no sólo no se sienten ofendidas sino que han salido en su defensa, como los de la publicación financiada por el gobierno español Diario de Cuba y la bloguera Yoani Sánchez.
Deseo despertar a tu lado y abrazarte como lo harán la mayoría de las parejas, de las que hoy siento envidia. Derecho que nos han arrebatado por mucho tiempo;más de catorce años si besarte, sin tocarte, conformándome solo con oír tu voz en una llamada, cuando se puede, una postal o algún detalle gracias a la creatividad que te caracteriza y al apoyo solidario de quienes brindan sus esfuerzos por arrancarnos una sonrisa de felicidad.