En las últimas semanas hemos sido testigos de numerosos acontecimientos en relación con la política norteamericana hacia Cuba. Se trata de hechos que, vistos de conjunto, parecieran estar colocando en un callejón sin salida la estrategia de confrontación que alientan sectores extremistas de origen cubano, de la que, sin embargo, la administración norteamericana no acaba de distanciarse.
El padre de Bradley Manning habló públicamente por primera vez desde que su hijo fuera arrestado por filtrar información clasificada a Wikileaks. Desde junio, Manning está detenido en confinamiento solitario en una base de la Marina en Virginia.
El jefe de la Sección de Intereses de Estados Unidos, en La Habana, Jonathan Farrar, había alertado desde abril del 2009 al naciente gobierno de Barack Obama que la llamada “oposición cubana” no era más que “un grupo desconectado de la sociedad”, más preocupado por conseguir dinero que en llevar sus propuestas a sectores más amplios de la sociedad.