A principios de junio de 1873, los mambises de la División de El Camagüey, dirigida por el Teniente Coronel Henry Reeve, mantenían encendida la llama de la insurrección, la que brilló aún más en el combate de Yucatán.
En unas treinta ocasiones, a lo largo de artículos y discursos, evoca José Martí, Apóstol de la independencia de Cuba, la figura de Ignacio Agramonte, ese símbolo de la Revolución Cubana. El hombre que en plena guerra, rayando las hojas de los árboles con la punta de su cuchillo, enseñó a leer al mulato Ramón de Agüero; aquel que parecía que “curaba como médico cuando censuraba como general”. Por Miguel Angel García Alzugaray
Conozca sobre pasajes de la guerrilla revolucionaria y Mario Sariol, un fiel colabrador que Fidel recordaba por su valía y entrega
El Museo de la Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana, de esta ciudad y único con esa temática en el país, desarrolla un amplio programa dedicado a los 120 años del conflicto bélico de 1898, sus principales hechos y figuras.
El poblado de El Uvero, situado frente a la costa en las estribaciones de la Sierra Maestra, fue escogido por el Comandante en Jefe Fidel Castro para librar uno de los primeros combates del naciente Ejército Rebelde, dirigido por él en el amanecer del 28 de mayo de 1957.
Ubicada en el mismo corazón del centro histórico de una oriental y medio milenaria urbe, la casa natal de Ignacio Agramonte Loynaz deviene uno de los inmuebles patrimoniales de obligada visita.
En cada escultura, ubicadas en calles o plazas, tiene Martí personalidad. Aparece revolucionario, pensativo, combatiente, orador. Cada artista intenta revelar su Martí para desentrañar la grandeza de un hombre que luchó incansablemente por la Nubia.
La campaña independentista sobrevivió a la temprana muerte del Maestro, pero su legado antimperialista quedó trunco en la falsa república y permaneció como tarea inconclusa para los revolucionarios cubanos.
Los cubanos celebran hoy el 59 aniversario de la primera Ley de Reforma Agraria, una de las medidas más trascendentales adoptadas por la Revolución en su primera etapa.
Pensar en José Martí, revivir su obra, nutrirse del pensamiento humanista y antimperialista, es esencial para las generaciones de hoy.