Tras el disfraz de “ayuda humanitaria” Estados Unidos elabora su disfraz para lograr la intervención militar, y así derrocar gobiernos y apoderarse de la riqueza de muchos países.
Ahora, cien años después de aquellos episodios, vemos cómo Washington pone a prueba lealtades y sometimientos a los gobiernos de la región en el teatro panamericanista de la Organización de Estados Americanos.
El presidente de la mayor potencia militar en la historia de la humanidad, Barack Obama, abrió una nueva fase de la intervención yanqui en Venezuela pues, según él, nuestro país representa una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad de Estados Unidos. Con el cinismo característico de los voceros imperialistas, el agresor quiere presentarse como víctima. ¿Cuál es en verdad la realidad?