La única lectura posible que cabe extraer de la preocupación de la UE en relación con los derechos humanos en Cuba es la actitud discordante de la mayor de las Antillas en este tenebroso asunto (en Cuba la educación, la sanidad o la infancia siguen siendo derechos universales y otros, como la vivienda o el trabajo, firmes aspiraciones no subordinadas a la tasa de acumulación de la clase dominante), así como su resistencia a la homologación del sistema político y económico.