Mientras que las victorias de los cubanos en el campo de batalla robustecían los planes de Gómez de llevar la guerra al occidente, la traición y el desaliento avanzaba en el campo insurrecto y conllevó a la crisis y el proceso que culminó con el Pacto del Zanjón.
Un acercamiento desde la visión de cuatro grandes revolucionarios.
La vida de los héroes a veces pareciera resumirse a los momentos en que son grandiosos y ganan la batalla. Pero la Historia no solo se cuenta desde la bala o el monte; también desde el silencio o el llanto oculto de una madre, los desvaríos de una esposa o el querer de un hijo. Por Daily Sánchez Lemus.
Gran parte de su existencia entregó el dominicano Máximo Gómez a la causa de la independencia de Cuba y en reconocimiento —aunque nunca será suficiente—, se le concedió el mayor mérito: la condición de cubano por nacimiento.
El cinco de mayo de 1895, los principales dirigentes de la insurrección iniciada el 24 de febrero de ese año, José Martí, Antonio Maceo y Máximo Gómez se reúnen en la casa del administrador de la colonia de cañas del ingenio La Mejorana, en la actual provincia de Santiago de Cuba, para definir la estrategia inmediata de la Revolución y la organización de sus instituciones.
Por estas fechas de 1895 estaba a punto de ocurrir un nuevo comienzo en las luchas por la independencia de Cuba, la guerra necesaria preparada por José Martí desde el exterior.