La política de hostilidad, bloqueo y agresiones de sucesivos gobiernos de Estados Unidos, ha obstruido el pleno disfrute de los derechos humanos y libertades fundamentales de los cubanos: derechos a la vida, a la paz, a la libre determinación y al desarrollo.
La designación de un general para esta tarea no se considera por los historiadores una casualidad. Era indiscutible que el Departamento de Defensa de EE.UU. tendría una importante presencia en los nuevos planes subversivos contra Cuba.
Un memorando del Departamento de Defensa, de fecha 25 de julio de 1962, resume estas intenciones. Al hacer una revisión de la Operación Mangosta, en el punto referido a sus objetivos señala: “[…] EE.UU. ha emprendido esfuerzos especiales con el objetivo de ayudar a Cuba a derrocar a un régimen comunista”
Los archivos desclasificados sobre la muerte de John F. Kennedy podrían tener mucho que decir sobre Cuba. Y es que —si bien derrumban la teoría conspirativa de que el tiroteo de Dallas, donde murió el Presidente estadounidense, había sido orquestado desde La Habana— arroja luces sobre los más diversos planes para destruir la Revolución socialista que crecía en el Caribe en los albores de 1960.
Ocupando un lugar importante en la obra publicada de Fabián Escalante Font —aparecida en conjunto bajo el rubro de La guerra secreta, de la que ya han visto la luz 11 títulos— los aspectos referidos a las acciones del gobierno de Estados Unidos contra la Revolución cubana con posterioridad a la invasión por Playa Girón, al calor de la denominada Operación Mangosta, han sido objeto de particular atención. Esta nueva entrega de La guerra secreta. Proyecto Cuba (Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2008) así lo confirma.
La Casa Blanca y toda la estructura política del Gobierno norteamericano, están plagados de funcionarios al servicio de los más turbios sentimientos humanos, idénticos a los que rodeaban a Adolfo Hitler.