Fabio Di Celmo, la víctima número 3 478 de las acciones terroristas contra Cuba, tiene una bandera de combate en la lucha por la liberación de los Cinco. Desde que comenzó el movimiento por el regreso de los Cinco, Giustino Di Celmo prometió a los familiares de Gerardo, Fernando, Antonio, Ramón y René que su familia asumiría como suya la causa de estos jóvenes injustamente encarcelados.
En las Causa 1 y Causa 2 de 1999, juicios celebrados en Cuba contra acciones terroristas, quedó irrefutablemente demostrada la responsabilidad de Luis Posada Carriles en la organización de estos hechos. Pero, ¿quién es este asesino que se jacta, públicamente, de dormir “como un bebé” después de haber sido causante de la muerte de Fabio Di Celmo?
Parecería un chiste si no fuera el prófugo de la justicia cubana por acciones terroristas, Carlos Alberto Montaner, quien publicara el pasado 23 de agosto de 2012, un artículo justificativo, y cuasi envuelto en llanto, en el sitio Diario de Cuba, bajo el sugestivo título “Anatomía de un intento de asesinato de mi reputación”.
Debe obviamente venir de arriba, pienso. Allí sólo hay luces, allí sólo la blancura del cielo raso. El objetivo lanza otro chiste. Los periodistas otra vez carcajadas. El objetivo sigue de pie, ofreciendo todo su físico para el disparo.
—Los papás de Carolina dicen que somos unos cubanos de mierda —y en medio de lo desconcertante de la frase, se balancea la victoria traviesa de pronunciar la palabra mierda como si fuera una adulta, escudada en el hecho de ser sólo una mensajera de cinco años.
Por más de 50 años, la CIA ha intentado, en más de 600 ocasiones, atentar contra la vida de Fidel. La celebración de su cumpleaños 86 este 13 de agosto, es una victoria más sobre el imperialismo. Por eso Razones de Cuba, quiere compartir con ustedes, la letra de la canción Eres, dedicada a nuestro invencible Comandante en Jefe.
Recluida en su casa de Bayamo, víctima de la tuberculosis, el gobernador Udaeta le asignó, para su atención, a un médico cubano que servía en el ejército español. Al salir de su inconsciencia, Adriana rechazó la presencia del médico alegando: “con ese uniforme usted no puede curarme, yo no le permito que me atienda”. Y volvió a quedar sin conocimiento. Pocas horas después Adriana abría los ojos.
Lo recogí. Moby Dick, leí y fue imposible que no asociara aquel título extraño con el de la novela que Ovidio quería para su hijo. Quizás los libros no sean culpables de nada, quizás sean lo único en el mundo libre de antemano de toda culpa, pero la verdad es que yo no podía llevarle al hijo de mi amigo un libro que debió pertenecer a uno de sus asesinos.
Ya no tenía hambre y tampoco me gustaba la comida que sirvieron, por lo que me quedé sentado sin tocar ni un cubierto. Sor Belén me obligó a comer en otro idioma otra comida que no era la de Angélica. Yo no quería, lo juro, pero ella me empujó el huevo a la fuerza. Sentí un asco muy grande y vomité enseguida. También sentí vergüenza pues todos en el comedor nos miraban. Aliméntate apropiadamente. Yo no podía, lo juro. Sor Belén volvió a obligarme, esta vez a que me comiera el vómito.
El pájaro azul atraviesa la primera luna, se sumerge en la segunda luna, se disuelve en la tercera luna. Pronto encontraré a María Bonita en el río. Algo va a cambiar, de la casa de Pedro surge música. ¿Quién puede visitar esa casa y traer música de bailarinas inocentes? Llueve, miro todo a través de un cristal imantado por la candidez del viento de montaña. Quizás a la noche no me maten y viva eternamente bajo el influjo de la música de las bailarinas inocentes.