Y el día 10, ya a punto de virar para puerto con las neveras llenas, fue el secuestro. Nosotros nos enteramos el lunes once después que alguien oyó por Radio Swan, en el programa de la novela, los nombres de los pescadores presos (…) Dicen que sintieron de buenas a primeras ruido de motores que se acercaban, y que miraron y eran dos lanchas rápidas. Cuando llegaron a la altura de los barcos empezaron a dar vueltas mientras sus tripulantes desenfundaron todo tipo de armas. Entonces uno de ellos gritó: “¡Fondeen ahí si no quieren irse a pique…!”
No es el dolor, que muerde como un perro. El dolor se aguanta, el dolor pasa. Es esa desesperación que te queda por dentro; y tienes que aprender a vivir con eso. Hay días en que parece que se puede olvidar: tienes la mente ocupada y te sientes un ser normal, como los demás; pero entonces alguien llega y te mira, o te acuestas a dormir y vuelve la vieja pesadilla, o ves una foto en el periódico, y ahí están otra vez la angustia, y la rabia y el odio apretándote el pecho.
El Abela fue vendido en tres mil doscientos dólares y el subastador anunció el siguiente nombre: Portocarrero. Después de otra dilatada porfía, una señora lo obtuvo por cuatro mil ochocientos. Y siguieron las propuestas: Amelia, Servando, Carmelo González. Y continuaron los dólares, por cientos y miles, resonando en el ámbito del salón. Al Maestro lo llamaron enseguida…
[…] Sí, y a los pocos días jodí a un ciclista. Lo paré cuando iba llegando a Santa Tecla, bajo La Ceiba, y también le volé la cabeza con un tiro de cuarenta y cinco. Y cuando me enteré de que tenía catorce años y vivía con su mamá y que era el tercero de cinco hermanos sin tata, me di cuenta que le había hecho un favor. Y a lo mejor también se lo hice al italiano. […] Sí, al que maté con la bomba del hotel Copacabana… […]
Comenzó un zigzagueo por las calles de Nueva York, tratando de burlar el seguimiento. No podía llegar a casa de tía Eva con ellos detrás, tampoco quería volver a la misión, todo era cuestión de evadirlos, de doblar bien la esquina inesperada como en cualquier película (…) Recordó que también debió tener una pistola cerca, su pistola, la muchacha que nunca compartía sus recorridos por aquella ciudad porque la prefería en la gaveta, engrasada, como objeto museable y no como objeto de muerte. Entonces sintió que le golpeaban en el carro…
Siempre he pensado que pudiera haber sido distinta de lo que soy, tal vez más alegre, menos responsable. Y no es que no me guste ser responsable. Mi madre me enseñó, durante los pocos años que compartimos, a serlo. Yo era demasiado joven cuando ocurrió aquello, ¿cómo después de semejante monstruosidad sentirme despreocupada o hasta feliz, como el resto de mis compañeras de estudio? Una adolescente que pierde a su madre a los doce años, destrozada por una bomba, en un país desconocido…
Mientras el FBI reconoce que ni siquiera interrogó a un solo sospechoso en el caso del reciente atentado contra Airline Brokers, agencia de viaje especializada en Cuba, un sitio web de Miami identificado con el terrorismo denigra a su dueña, Vivian Mannerud, ataca a un comentarista que denuncia la presencia en esa ciudad de potenciales autores del crimen y rememora cómo reunió a algunos de los elementos más violentos de la mafia cubanoamericana en los locales de Alpha 66 en el 2009.
Faustino y su amigo se encuentran. Enseguida preguntan por un amigo en común. —Faustino, ¿y Lucio?— Él no respondió. Volvió a secarse el sudor, esta vez con un poco de estopa, y se dejó caer en el banquito.
—Lucio murió, Jabao —dijo casi en un susurro. —¿Cómo que murió? Pero, ¿cuándo? … Y justo en ese instante de la conversación, Faustino empezó a contar su historia.
Un día de junio del 2004 Stanislav Kázecký funcionario de la Embajada Checa, se da cita con el escritor y profesor universitario Raúl Capote en un lugar de La Habana. Conversan animadamente durante 2 horas, o más real sería decir que Raúl escuchó atentamente, durante 2 horas, al checo disertar sobre la transición este europea al capitalismo.
Un oficial de la CIA -que trabajó con el autor en la elaboración del proyecto Génesis- decía con frecuencia “La guerra contra la dirección histórica de la Revolución la perdimos hace tiempo, por eso debemos concentrar todos los esfuerzos en la acción contra los nietos de la Revolución”.