Juan Guaidó no quiere elecciones y para colmo, se expresa con la vulgaridad propia de un frustrado, calificando al Presidente Maduro de «estar cada vez más disociado»
Los senadores anticubanos Bob Menéndez y Marco Rubio, lograron el 23 de mayo de 2019, la aprobación en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, de un proyecto de ley con medidas muy similares a las que aun sostienen contra Cuba, bajo el principio de la guerra económica, financiera y psicológica, sin descartar las militares, con el objetivo de derrocar el proceso bolivariano y chavista que tanto odian.
Juan Guiadó anunció el lunes pasado que había autorizado la contratación del experto Lee Buchheit, para asesorar la “reestructuración y refinanciamiento” de la deuda pública externa de Venezuela. El anuncio ocurrió al margen la legalidad venezolana, ya que Guaidó no posee control ejecutivo de las instituciones venezolanas, mientras intenta usurpar funciones que no le corresponden.
No es de extrañar que Mike Pompeo, secretario de Estado de los Estados Unidos, exprese deliberadamente una de sus tantas mentiras, al afirmar en una conferencia de prensa que: “mi país está enfocado en presionar al gobierno cubano para que repiense su apoyo a Maduro, y mi gobierno seguirá insistiendo a sus aliados sobre la necesidad de presionar a Cuba, que apoya a Maduro en materia de inteligencia y contrainteligencia”.
El gobierno de Noruega confirmó este viernes el encuentro que tuvo con representantes de la oposición y del gobierno de Nicolás Maduro para abrir un canal del diálogo como entre ambos actores políticos. En el comunicado que emitieron, enfatizan que las reuniones están en una “fase exploratoria” y que Noruega apoya la búsqueda de una solución pacífica para la situación del país.
Desde que Juan Guaidó se autoproclamó presidente interino de Venezuela, la retórica emanada desde Washington se ha vuelto cada vez más familiar.
Repite la misma grandilocuente y vacia clase de propaganda de guerra (“crisis humanitaria”) que ha sido usada repetidamente contra naciones de ricos recursos, de Afganistán a Iraq, a Libia, a Siria. Ahora la estamos viendo contra Venezuela.
El pasado 13 de mayo cerramos el día con un nuevo zarpazo a la institucionalidad y el Derecho Internacional. El gobierno de los Estados Unidos, representado en la Policía Metropolitana de Washington, irrumpió ilegalmente y por la fuerza en la embajada de Venezuela en esa capital.
Desde el mes de enero, Venezuela tiene un conflicto cada vez más complejo en el área diplomática. El mismo empezó con la Declaración del Grupo de Lima que pretendía la transferencia de competencias del Ejecutivo Nacional al Parlamento y se agudizó con el reconocimiento ilegal de Juan Guaidó como “Presidente Encargado de Venezuela”.
Desde el mes de enero, Venezuela tiene un conflicto cada vez más complejo en el área diplomática. El mismo empezó con la Declaración del Grupo de Lima que pretendía la transferencia de competencias del Ejecutivo Nacional al Parlamento y se agudizó con el reconocimiento ilegal de Juan Guaidó como “Presidente Encargado de Venezuela”.
La Doctrina Kissinger abogaba por la implementación del G-2 (EEUU y China) como árbitros mundiales. Así, en un artículo publicado por el New York Times, titulado “La ocasión para un nuevo orden mundial”, Kissinger considera ya a China una gran potencia (felow superpower), desaconseja el proteccionismo o tratar a China como enemigo (lo que llegaría a convertirla en verdadero enemigo) y pide que se eleven a un nuevo nivel las relaciones entre Estados Unidos y China sobre la base del concepto de destino común,( siguiendo el modelo de la relación trasatlántica tras la segunda guerra mundial), con lo que asistiríamos a la entronización de la Ruta Pacífica (América-Asia) como primer eje comercial mundial en detrimento de la Ruta atlántica (América- Europa). Sin embargo, el objetivo inequívoco del Pentágono sería la confrontación con la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), fundada en 2001 por los Cinco de Shanghai (China, Rusia, Kazajistán, Kirgistán, Tajikistán) más Uzbekistán y convertida junto con los países del ALBA e Irán en el núcleo duro de la resistencia a la hegemonía mundial de Estados Unidos y Gran Bretaña.