Las sanciones contra Venezuela son mecanismos reales y palpables de destrucción del Estado, la identidad y, con esta, de la sociedad venezolana. Forman parte de una estrategia de guerra basada en la aplicación de diversos recursos y herramientas sofisticadas de hegemonía financiera contra nodos fundamentales de la vida nacional.
El informe explica que “el bloqueo se ha basado en la expulsión del país de los mercados financieros internacionales, impidiéndole recurrir al mercado de créditos tanto para renovar vencimientos como para realizar nuevas colocaciones”, a modo de preludio de una intervención militar bajo eufemismo “humanitario”.
Una investigación del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag) arroja que las sanciones internacionales causaron la crisis económica que ahora la oposición y EE.UU. quieren combatir.
El gobierno británico reiteró su rechazo al bloqueo de Estados Unidos contra Cuba, y recordó que las compañías locales tienen prohibido obedecer las sanciones extraterritoriales norteamericanas contra la isla caribeña.
En el camino del análisis de la conformidad con el Derecho Internacional Público del derecho que en 1959 y 1060 tenía la República de Cuba a nacionalizar bienes extranjeros, parece establecido de tina manera clara y categórica la existencia de una norma general consuetudinaria que así lo establece.
Es evidente que el gobierno norteamericano presidido por Donald Trump no sabe qué inventar para deteriorar aún más las maltrechas relaciones existentes entre los Estados Unidos y Cuba. Aconsejado por su mafioso compinche, el senador Marco Rubio y su guerrerista Asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, no hay un día que no trate de agredir a nuestra Patria con el iluso sueño de revertir el proceso revolucionario.
Entre el querer y no querer más internet para los cubanos se debate el poder norteamericano: unos piden flexibilizar el intercambio en materia de telecomunicaciones y otros sostener el bloqueo total.
Para quienes aseguran que los problemas de la economía cubana no tienen vinculación con el criminal bloqueo que imponen los yanquis desde hace 60 años, deben leer las nuevas sanciones aplicadas recientemente por la actual administración del presidente Donald Trump, para convencerse que sí afecta y mucho. Por Arthur González.
En un escenario de creciente hostilidad del gobierno de Estados Unidos contra Cuba, no pocos ejemplos demuestran que ambos países pueden convivir de manera civilizada y con respeto a sus diferencias.
Las sucesivas victorias cubanas en Naciones Unidas no vienen solas. Un tema como el bloqueo no tiene otra alternativa que limitarse a marcar puntos políticos y diplomáticos.