China y Rusia lideran esta histórica transición mientras son cuidadosos de evitar una guerra directa con los Estados Unidos. Para triunfar en este esfuerzo, usan una estrategia híbrida que involucra diplomacia, apoyo militar a sus aliados y garantías económicas a países bajo ataque de Washington
En estas circunstancias sólo se puede estar a favor o en contra de la paz o a favor o en contra de la guerra, dijo el canciller de Cuba.
El gobierno estadounidense y su títere Guaidó esperan que este sábado el ejército venezolano, tras las amenazas de Donald Trump de poner fin por la fuerza al gobierno democráticamente elegido de Nicolás Maduro y las “promesas” de amnistía para quienes se rindan o deserten, traicionen al pueblo y dejen el camino libre para la entrada del caballo de Troya, la inventada “ayuda humanitaria” que el ejército intervencionista de EE.UU.
¿A estas alturas alguien todavía cree que a Trump le interesan realmente los pueblos de América Latina, a los que llamó agujeros de mierda hace un año? Ese mismo discurso de este lunes costó a estas naciones entre las décadas de 1970 y 1980, durante la Operación Cóndor, 50 mil muertos, 30 mil desaparecidos, y unos 400 mil presos.
La nueva Carta Magna defiende que el Estado reconoce, respeta y garantiza la libertad religiosa.
Como ocurre con la mayoría de las películas de terror hollywoodenses, cuando piensas que un ente maligno ha sido destruido para siempre, reaparece con mayor vitalidad en las ulteriores partes de las sagas, para causar dolor y muertes al por mayor.
Estados Unidos ha forjado su poder y riqueza con base en, por lo menos, tres pilares: la industria (acerera, automotriz, etc) la economía financiera globalizada y la intervención (directa e indirecta) -golpes- sobre otras naciones, con el fin de catalizar sus intereses.
Los que votan por el títere electo en Washington legitiman la injusticia de un nuevo orden mundial en donde su hoy papel de comparsa puede mañana convertirse en un boomerang contra su propia independencia. En Venezuela se decide, más que el destino manifiesto de la decadencia imperial, el destino de los sueños pospuestos de justicia y libertad de la humanidad.
El Título III de esta Ley, que evoca a lo más rancio de la Doctrina Monroe, constituye una agresión a la independencia y dignidad de Cuba y una afrenta a la soberanía del resto de los países del mundo, por sus intenciones de aplicar la jurisdicción estadounidense extraterritorialmente.
Algunos señalan que la inexperiencia política de Trump y el síndrome del fantasma de la conspiración que le persigue, le ha llevado a una metamorfosis, de la sorpresa de saberse Presidente a la torpeza y la improvisación política como ejercicio.