Por Lilien Trujillo Vitón
Cuenta la historia que durante su estadÃa en Nueva York, en uno de esos dÃas de agotamiento extremo, el General Narciso López se quedó dormido en un parque, y al despertarse miró al cielo y vio celajes azules y blancos, conjuntamente con una mancha roja producida por el sol poniente. Una oscilante estrella brillaba al centro.
Emocionado con la perfecta combinación le comentó a su amigo, el también patriota, Miguel Teurbe Tolón y le sugirió que usara esta inspiración para diseñar la bandera cubana. Teurbe Tolón, que también era pintor y poeta, asà lo hizo y le pidió a su esposa Emilia que la confeccionara.
Pero mucho tiempo ha pasado, y esta bandera que se enarboló por primera vez en la ciudad de Cárdenas, el 19 de mayo de 1850 y fue proclamada el 11 de abril de 1869, en la Asamblea de Guáimaro, ha sido y es un sÃmbolo de lealtad y honor para todos los cubanos.
La estrella solitaria de cinco puntas representa la república libre, independiente y soberana que debÃa ser Cuba y a la unidad de los cubanos. El rojo brillante coloreando el triángulo central alude al trÃptico de los ideales franceses de libertad, igualdad y fraternidad, asà como a la sangre derramada durante la lucha. Las franjas blancas a la pureza de los ideales y la virtud de los cubanos y las azules representan los tres departamentos en que se dividÃa Cuba en esa época.
Hoy dÃa la bandera mantiene toda su fuerza semántica y su poder de emocionar y provocar el más arraigado patriotismo. Ella nos representa en nuestras victorias internacionales, en actos polÃticos, culturales, en nuestra cotidianeidad, pero sobre todo, es parte intrÃnseca de nuestra identidad cubana.