El 4 de marzo de 1960 parecÃa un dÃa común en el muelle de Tallapiedra de La Habana. El buque francés La Coubre ya habÃa atracado. Numerosos trabajadores extraÃan un cargamento de granadas procedente de Bélgica, cuando justo a las tres y diez de la tarde, el estruendoso sonido de una explosión acabó con la calma.
Sucesos como este pusieron fin a la vida de numerosos cubanos inocentes. ¿Acaso habÃa razón para un crimen de esta magnitud? El sabotaje no implicó término para la Revolución, significó sufrimiento para un pueblo, que aún después de 56 años guarda en su memoria aquel suceso atroz.